martes, 30 de diciembre de 2008

LO QUE QUEDA DEL AÑO

Celebremos pues, en estos días inciertos y residuales, el final de las fiestas y del barullo.
Gritemos al vacío aquellas palabras que nadie escuchó, o las que se dijeron demasiado tarde, o las que no se dijeron nunca.

Celebremos el silencio de la soledad compartida.

Despidámonos ya sin pena de los planes abandonados; los viajes postergados; las aventuras soñadas. Adiós a los compromisos,
a las tareas pendientes y a las visitas molestas.
Rindámonos sin condiciones a los subterfugios del placer.

El deseo respira descaradamente bajo los escombros del pensamiento.
El recuerdo sigue buscando la felicidad perdida.
La carne marchita se aferra vanamente a los huesos.

viernes, 12 de diciembre de 2008

LAS HORDAS DOMINGUERAS

Tenemos miedo de las hordas domingueras. Marchan decididas en sus carros de combate blindados con bebés berreantes y babeantes. Han tomado posición en la plaza y en las calles adyacentes; avanzan amenazando impregnar todo con la tristeza del domingo familiar.

No queremos su errático deambular y el lento paseo sin destino; sus helados a medio derretir; sus globos multicolores apuntando al cielo; sus cinturones de cuero a reventar.

Las camisas de rayas azules recién planchadas.
Los niños gordos y las madres cansadas.

Nosotros también queremos disfrutar del domingo como ellos; sentar cabeza y tomar cerveza, engordar tranquilos e ir a misa,
sin pausa pero sin prisa.

martes, 4 de noviembre de 2008

OLD HAG

We still remember, old hag
your sad and lazy gaze
We don’t miss your dirty old rags,
your mean and nasty ways.

Remember times when you looked so fine
you had holidays in the sun
breaking hearts, tears in the dark
you had so much fun.

We still remember, old hag
your green and slimy hands
flesh and bone, the place you called home,
that far forgotten land.

Now you dream of the past,
how could time go so fast
and you call for your friends, and you wish they were here
but you know too well that the end is always near.

Years go by and beauty must die
here come those rainy days
The lights, the flights, the music at night
it’s all just fading away.

And you stare at the floor,
no one comes anymore
and you fix up your hair like if someone was there
but you know that nobody really cares.

We still remember, old hag
your pretty piggy eyes
your long black dress, the house in a mess,
those big sharp bloody knives.


We still remember, old hag...

your early morning walk
your late night endless talk
that poisonous apple pie
those lies that never die
that laughter in the dark
those Sundays at the park
your greedy bitchy smile
your waiting for a while
those days of love and hate
your always being late
the game of hide and seek
that screaming in your sleep
those picnics by the sea
that slice and cup of tea...

miércoles, 22 de octubre de 2008

WORDS FROM THE HILL

We can remember still the days when we were almost happy
counting dead flies by the window sill on endless lazy summer afternoons.

But now
alone on our mountain we stand
unarmed and helpless
like trees looking down upon the field
where once our hearts held their last battle
abandoned remains of a broken shield.

Though we survived due to retreat
we must now live only to suffer the pain of our defeat.

Hopeless like fish out of water
we wait for time to forget.

Deep inside we know that one day down below
while sleeping on this sad mound
flowers will rise
there upon the forgotten blood stained ground.

jueves, 16 de octubre de 2008

CARTA DE QUEJA AL CIELO

Estimado Dios:

Acabamos de leer en el diario dominical la noticia que anuncia tu inexistencia, y ahora mis compañeros han quedado sin rumbo desconcertados y llenos de incertidumbre. Y por tu escandalosa irrealidad y malas artes queremos presentar aquí nuestra más sincera y razonable queja. Ahora solamente estamos seguros de que vamos a morir y que después de muertos no vamos a ir a ninguna parte; ni paraísos celestiales ni infiernos abominables. Se acabaron los ángeles regordetes y los demonios cornudos. No hay tierra prometida ni final feliz. Sólo hay final.

Siempre nos pareció sospechoso que se pudiera describir muy bien el infierno; en cambio, nunca se ha publicado detalle alguno del cielo. Queremos que sepas que este futuro postmortem nos parece muy aburrido. Algunos de mis compañeros —antes creyentes tuyos— han preferido morir argumentando que no tenían ya ningún motivo por el cual vivir. Ninguno de nosotros hizo nada por detenerles pues tampoco teníamos motivos para convencerles de lo contrario. Sin embargo, hemos decidido mantenernos a flote nadando entre la nada. Nuestra única motivación es la curiosidad. La irresistible seducción creada por el devenir de los acontecimientos. La morbosa espera de lo inesperado. Como alguna vez dijo un filósofo francés bizco y muy feo: si tú no existes todo está permitido.

Alguien, con muy buenas intenciones, anunció pomposamente que era necesario reinventar una nueva escala de valores basado en el mundo material, que era lo único que quedaba tras tu desaparición ya que tus viejos mandamientos ya no servían para nada. Reinstalamos entonces la filosofía de un antiguo filósofo griego cuyo nombre hemos olvidado. Según su planteamiento el bien era el placer y el mal era el dolor, así nuestros problemas morales serían simples y reductibles a ponderación empírica. Debemos confesar que en tu ausencia el pecado campa a sus anchas con total impunidad. Disfrutamos ahora de días de hedonismo desenfrenado, bacanales de comida y sexo ilimitado. Más bien, ahora estamos pensando demandarte por publicidad engañosa, perjuicio moral y hacernos sentir culpables por disfrutar de la vida. Ya recibirás noticias de nuestros abogados.

Cierto día, creo que un martes, un hombre dijo curiosamente que la comida y el sexo no bastaban, había que reinstalar el amor y el deseo; necesitábamos, dijo, medios irreales para gozar y sufrir pues el hombre no puede satisfacerse solamente con los bienes materiales. El mencionado hombre se entregó al amor y luego murió. Pobre diablo, en una semana devino en un cadáver enamorado. El amor, nos dijeron, es irracional y misterioso y se instala en el corazón de los hombres y los conduce a lugares peligrosos. A diferencia de los otros, a éste lo enterramos. Nadie rezó ni dijo nada, pues tú ya no existías, pero nos quedamos un rato en silencio como si la muerte de aquel hombre tuviese en nuestras vidas algún significado particular.

Otro hombre dijo que la felicidad debía estar en el dinero y que había que depositar toda esperanza en la riqueza material. Este hombre hizo fortuna a costa de las necesidades de otros hombres y, según dicen, fue feliz comprando cosas cada vez que se ponía triste. Compró una casa, un automóvil y una mujer bonita, tres cosas con la que, según algunos entendidos, un hombre puede ser feliz sin hacer más preguntas.

A veces nos levantamos temprano para agradecer al sol mientras ilumina lentamente todas las cosas que tenemos a nuestra disposición. Es fascinante ver tantas cosas esperando a que le demos sentido. La diversidad nos hace pensar que en ella habría alguna promesa o alguna tarea por realizar. Muchas veces pensamos en reventar convencidos de que habría poco que perder, pero siempre aparece alguna maldita esperanza, un instante de inevitable renacimiento metafísico que nos mantiene con vida al menos hasta la comida siguiente. Ya no te necesitamos y nos aferramos a la vida sin razón alguna pues hemos comprendido que su gratuidad es tal que podemos prescindir de toda justificación. Aún así, es muy probable que a alguien se le ocurra reinventarte sólo para creer en cualquier cosa que no sea la realidad. Sabes bien que la gente aguanta muy mal el mundo real y con esa lamentable humana debilidad has fingido tu existencia durante ya demasiado tiempo.

Después de comer nos echamos la siesta y no pensamos más en nada. Y así, en actividad vegetativa, podemos vivir la felicidad de las plantas en un día soleado. Sin ideas, sin deseo, sin temor y sin dios.

lunes, 6 de octubre de 2008

CARTA A UNA MUJER DE HIELO

Hermosa mujer de la punta del iceberg:

El verano pasado encontramos un mamut en el permafrost buscando tu congelado corazón. Nos trajimos uno de los colmillos de recuerdo. Le hicimos un hueco y a veces lo usamos de collar. Sólo molesta un poco en el metro en las horas punta.

¿Alguna vez has visto, en tus solitarios paseos helados, al famoso yeti? ¿Es verdad que tiene patas gigantes? Hablando de patas, en el viaje de regreso, con el colmillo a cuestas, se nos congelaron varios dedos del pie; se cayeron algunos y hasta ahora no estamos seguros de en qué orden colocarlos. Nos han dicho que con tres dedos basta para caminar bien. Por el momento cojeamos un poco pero tampoco se nota demasiado.

En aquellos días teníamos en la cueva un fogón que nos daba luz y permitía el mantenimiento de nuestras funciones vitales. Desde ahí podíamos ver la extensión del desierto helado que habías creado entre los tres. Recuerdo que varias veces se nos cayó la nariz intentando cruzarlo. El frío a veces paralizaba también los pensamientos que quedaban congelados juntos a tu imagen, esa que nos dejaste alejándote sobre la nieve sin mirar atrás.

Los osos polares son bonitos y nos preguntamos por qué siempre ignoraban nuestra carne, tibia y suave.

Ahí estábamos, el hombre de nieve y los dos, esperando la tormenta. Nos gusta la incontestable realidad de lo inevitable. Hay cierta traición en querer evitar que las cosas sigan el hermoso curso de los elementos. El hombre de nieve murió de insolación, pero creo que no sufrió, al menos mientras se derretía no se quejó.

El sol ha salido hoy y estamos contentos y de buen humor. Tal vez salgamos a dar un paseo antes de que vuelvan las tinieblas. Tú sigues estando lejos y todo lo demás está donde debe estar y ahora disfrutamos de una inesperada lucidez, tranquila y cálida, como si estuviésemos seguros de la próxima calamidad.

viernes, 26 de septiembre de 2008

MUJERES DEL REINO ANIMAL

Mujer camaleón

Animal sin compasión ni memoria. Saca la lengua para atrapar bichos despistados.
De piel áspera, cambia de color para camuflarse en el deseo inútil de los hombres.


Mujer pez

Intocable, esquiva y silenciosa,
se sumerge para aparecer en los momentos menos esperados.
Divertida, sonríe ante la carnada que el iluso pescador le ofrece.


Mujer gata

Saca las uñas en las noches, ronroneando por las madrugadas.
Astuta y autosuficiente, se pasea presumida.
En las noches más de un gato maltratado vuelve a cruzar sus techos.


Mujer pájaro

Libre, en constante vuelo, se mantiene inalcanzable.
Sola, canta por las mañanas y al atardecer.
Pocos son los llegan a gozar de su plumaje multicolor.


Mujer perra

Fiel y celosa, muestra los colmillos para defender su territorio.
Agradecida, mueve la cola y lame la mano que le da de comer.


Mujer cangrejo

Huidiza, camina de costado en silencio.
Besa con sus grandes tenazas en olvidadas playas solitarias,
luego retrocede en las profundidades del mar para no volver.

martes, 23 de septiembre de 2008

LA VIDA SECRETA DE JUAN

Pero no se lo digas a nadie, tía, es algo fuerte.
Tranquila tía, no diré nada. Seguro que te has liado con algún chico. Bueno, ya cuenta, y no descuides los detalles...

Las chicas reían jovialmente mientras Juan, desde su asiento, intentaba seguir la conversación. Se preguntaba si las chicas se bajarían antes que él impidiéndole escuchar toda la historia. Cada pasajero tenía una parada y un destino; las paradas ajenas siempre le habían intrigado y se entretenía inventando absurdas teorías sobre los motivos que obligaban a los otros a bajar. Sabía que el mundo estaba lleno de secretos, pero como eran secretos la gente no lo sabía o fingía no saberlo. El secreto siempre era un medio para ejercer un poder.

Entonces me llamó en la noche como a las 10.30 y me dijo para quedar el sábado para una copa.
¡Qué fuerte tía! ¿Y qué le dijiste?
Le dije que vale pero que hablábamos antes para confirmar...

De niño, Juan estaba convencido de que todos sus amigos, familiares y vecinos, conocían un gran secreto, una información vital cuya revelación le daría el poder de un dios, pero al igual que Adán en el paraíso, se negaban a revelar para mantenerlo siempre en su limitada condición mortal. Tal vez ese terrible secreto había sido el culpable de su mediocridad actual, sus estudios ordinarios de contabilidad, su insignificante pero cómodo puesto en la burocracia estatal; su corbata barata y zapatos desgastados; sus alegrías y miserias de hombre pobre pero honrado. Sin duda, su apariencia de oficinista hacía que los motivos de su parada no fuesen un secreto para nadie. Era esa falta de misterio, esa predictibilidad en sus gestos y palabras lo que le resultaba insoportable. Juan seguía la conversación en paralelo con sus pensamientos. Se dio cuenta de que él también, involuntariamente, sería cómplice del secreto de esas chicas. Pero siempre había sido igual, todos los secretos que alguna vez manejó fueron ajenos, y en cada caso estuvo tentado en contarlos sólo para que alguien supiera que él un tenía secreto, aunque fuese ajeno.

En el bar tomamos una cerveza, luego dos y tres y no sé cuantas más.
Emborracharse en la primera cita; mmm… eso es peligroso.
No siempre; depende de las intenciones que tengas...

Una de las chicas llevaba el pelo suelto que invadía el respaldar del asiento; la otra llevaba el pelo amarrado con una liga roja. Entonces no pudo evitar recordar a una lejana niña llamada Alicia. Hace mucho tiempo, en el colegio, Juan también había revelado secretos y traicionado la sagrada confraternidad masculina. Como en casi todos los casos, había vendido la amistad por el amor, o al menos, la esperanza del amor. Pero Alicia, esa bella niña de coquetas coletas, era capaz de provocar la peor de las traiciones. Su amigo Miguel le había confiado su devoción por esa niña inalcanzable para Juan y para casi todos los mortales de su clase.

¿Entonces lo hicieron o no?
Lo hicimos a medias, tú sabes, juegos y cosas así.
Qué perra...

Juan le había contado cosas feas a Alicia sobre Miguel para así arruinar las intenciones conquistadoras de su amigo. Miguel nunca se enteró quién le había traicionado pero aseguró que si se enteraba le iba a partir la cara a ese hijo de puta. Lo que me han hecho es un putada, lo más maricón que he visto, había exclamado. Juan había asentido con la cabeza con poca convicción ante las amenazas de su amigo. Ya no quedan hombres en este mundo, agregó Juan hipócritamente. Alicia le había jurado que no lo delataría y esa promesa era para Juan, sino un gesto de amor, al menos un gesto de complicidad que creaba entre los dos algo precioso, un secreto, al fin. Con eso podría vivir.

¿Y qué vas a hacer con él ahora?
No sé, el tío me llama y está algo desesperado, creo que se ha pensado otra cosa.
Tal vez se ha pensado esta tía es fácil y conviene quedármela.
Tal vez, pero no parecía de esos...

Juan podía sentir en sus dedos el húmedo y limpio pelo castaño de la chica que contaba su secreto sentada delante de él. Sujetaba el tubo del asiento y disimuladamente acariciaba con el revés de la mano los rizos de la chica ―aprovechando los movimientos del autobús en cada curva— y se imaginaba si así de suave serían ahora los alegres rizos de Alicia. De su asiento podía percibir el agradable olor a primavera que despedían las chicas y se preguntaba cómo algunas chicas podían oler así, siempre tan frescas y limpias. Se preguntaba si Alicia había conservado su secreto después de tantos años, secreto que era finalmente una tontería pero en aquellos días adolescentes todo parecía tener la importancia de un secreto de Estado. Pensó en buscar a Alicia y preguntárselo, sería una buena excusa. Sabía que estaba casada con hijos y que ya no usaba coletas. Aún así, el secreto entre los dos podría merecer una visita.

¿Y si se entera Javier?
Imposible, no hay testigos. Además, él salió con los colegas ese día y seguro que se fueron a ligar. No me lo dice, pero yo conozco a sus amigotes.
Tranquila tía, los hombres siempre quieren ligar, otra cosa es que de verdad liguen...

Miguel nunca pudo cumplir su amenaza ni descubrió al traidor porque unos años después del colegio se mató en un accidente de tránsito, esos accidentes que ocurren los domingos de madrugada entre jóvenes borrachos, osados e invencibles y que el noticiero nocturno apenas dedica unos segundos porque esas noticias ya no interesan a nadie. A pesar de que Miguel había sido su compañero de clase durante cinco años Juan no sintió nada cuando escuchó la noticia. Aunque la muerte de Miguel no le dejó indiferente del todo, tuvo que soportar la molestia de sentirse más viejo. Tal vez porque la muerte está siempre rondando a los viejos. La muerte ajena siempre conduce a algún fastidioso tipo de balance y reflexión. Juan había ido al entierro con su único traje gris oscuro que usaba indistintamente para entierros y matrimonios, ambas ceremonias pesadas por su estricto protocolo. Nunca pudo dar un pésame convincente, tal vez porque en verdad no lo sentía o no sabía mostrar sus sentimientos o simplemente porque todo el asunto le parecía obsceno. Había aprendido, al menos, que en los matrimonios era mejor cruzar las manos por detrás y en los entierros cruzarlas por delante. Nunca había entendido porqué de tal distinción. Y ahí, con las manos cruzadas por delante, frente al frío cuerpo de Miguel, Juan había confesado su traición. Pero a Miguel, ya muerto, no parecía importarle demasiado. Alicia también había ido pero ambos pensaron que era poco apropiado hablar del pasado y de las infructuosas tentativas de Miguel por seducirla. En fin, esas eran cosas de niños. Además, de los muertos sólo se pueden decir cosas buenas, sobre todo cuando aún están frescos.

Mira, me acaba de mandar otro mensaje. El tío me está dando un poco de miedo, me manda mensajes al móvil a cada rato. Sólo un idiota no se daría cuenta de que no me interesa.
Tal vez se hace el idiota.
Sea idiota o no, es un pesado, si Javier me revisa los mensajes del móvil estoy jodida.
Borra los mensajes y ya está.
¿Estás loca? Los necesito como trofeos de guerra. Siempre es interesante ver hasta cuánto puede arrastrarse un tío....

Juan nunca se atrevió a intentar algo con Alicia. Tal vez porque ya sabía que no tenía posibilidades. Al menos, debía reconocer el valor de Miguel. Juan había sido siempre el compañero tranquilo buena gente que nunca hacía travesuras ni copiaba en los exámenes ni destacaba en los deportes. No destacaba en nada. Esos tipos que nunca se saltan un semáforo en rojo. En fin, de esos que las chicas populares consideran invisibles y que sólo descubren para pedir un bolígrafo o el resumen de la tarea. Alicia una vez le pidió la tarea de religión. Juan, que siempre fue un niño obediente, había ido a misa todos los domingos para escuchar las palabras del sacerdote del pueblo. No las escuchaba por interés o por un precoz fervor religioso; sólo lo hacía porque el profesor de religión les exigía como tarea tomar apuntes del sermón de la misa dominguera. Una forma de extorsión que lejos de formar creyentes sólo formaba hipócritas y ateos resentidos. Un hombre se sentó en el asiento de al lado. Juan le miró de reojo con desconfianza. El hombre pronto captó la conversación de las chicas y por momentos sonría divertido con disimulo como si riera por cosas que recordaba. Juan, quien era hasta entonces el único testigo cercano de la conversación, se enfadó pensando que otro también compartiría la historia.

El otro día me encontré con un antiguo compañero del colegio, está gordo pero parece que le va bastante bien. Me dijo para quedar un día.
¿Y qué vas a hacer si te llama? Esos reencuentros del colegio...
Creo que siempre tuvo fijación por mí pero en esos días era un capullo, esos empollones que no se levantan nada. Supongo que ya habrá cambiado...

En una de las clases de educación física Juan había recogido en el patio una liga roja que sostenía una de las preciosas coletas de Alicia. Alicia la había estado buscando con desesperación pues la ausencia de una liga arruinaba por completo la indiscutible simetría de sus hermosas coletas. Al abandonar la búsqueda se resignó a hacerse una única cola con la liga que le quedaba. Juan recogió la liga y la apretó con fuerza en su temblorosa mano adolescente. Por fin, un fetiche de amor. La liga contenía el suave aroma del pelo de Alicia y varias veces Juan durmió con ella sujeta a su muñeca derecha. Luego la guardó en una cajita especial para así conservar en lo posible su precioso olor a primavera. El intercambio era justo, Alicia lo había utilizado para sus propios fines y él había conservado su liga para los suyos. Al terminar el colegio Juan dejó de ir a misa porque ya no era necesario. El primer domingo que no fue se dio cuenta que no creía en Dios. Tuvo miedo y se sintió más solo que nunca. En la tarde llamó a Alicia para preguntarle si Dios existía. Ella se río, le dijo tonto y le dijo también que Dios existía aunque él no lo creía. Juan se tranquilizó y quiso invitarla a salir y confesarle la historia de su liga roja, pero no se atrevió. Fue la última vez que la llamó.

Me dijo que tenía algo mío del colegio, algo que yo perdí y que él había guardado por muchos años.
Uy, esos tipos que guardan cosas desde el colegio son los que luego son sicópatas o asesinos en serie.
Tal vez, pero con eso despertó mi curiosidad, tal vez lo vea sólo por eso.

Juan no estaba casado. Como muchos hombres, alguna vez había amado a una mujer hermosa, y como muchos, la había perdido. Luego esperó pacientemente hasta encontrar otra, pero nunca llegó. Las mujeres bellas están reservadas para los hombres ricos o interesantes. Juan no era ni uno ni lo otro. Siempre había sido sólo un buen chico. Se requiere cierto valor para ser malo y romper las reglas. Juan había recriminado a los chicos malos de su clase por su conducta por razones morales pero en el fondo era envidia por no atreverse a ser como ellos. Juan era un cobarde pero no lo sabía; prefería pensar que era bueno por sus principios y no por su cobardía. Había sido siempre el ejemplo de buena conducta, el niño bueno, el tranquilo, el marica... Pero las chicas se levantaron de pronto para bajar en la próxima parada. Juan hizo un esfuerzo por ver sus caras pero el autobús iba lleno y sólo pudo ver sus perfiles. Quiso gritar: ¡eh Alicia, tengo tu liga! Pero se quedó callado. Y eso fue todo. Encogido y avergonzado, sintiéndose estúpido, miró al hombre a su lado para ver si le observaba.

El autobús siguió su recorrido normal. Todo era como siempre. Faltaba también poco para la parada de Juan y poco también para luego entrar, como todos los días, a su triste oficina. Pero Juan no parecía estar triste. Había descubierto con satisfacción que él también tenía un secreto. Insignificante como muchos, pero al fin y al cabo, un secreto. Entonces, sin poder contenerse, se dirigió al hombre de al lado.

Disculpe, tengo que decirle algo.
¿Sí, dígame?
El hombre no parecía estar sorprendido.
Yo tengo un secreto.
Sin mirarlo y con aire pensativo, se tomó unos segundos antes de contestar.
Lo sé, yo también.

jueves, 18 de septiembre de 2008

CARTAS A UNA CHICA LEJANA

Niña del naufragio nocturno:

Hoy, en algún momento del día, me preguntaba qué es estar enamorado. No sabría responder bien (aunque creo haber estado enamorado por más de 10 años) pero creo que uno de los síntomas inequívocos es pensar en la persona (¿amada?) constantemente. Luego me he dado cuenta de que no es que yo piense en ti repetidamente, lo que hago es pensar en las cartas que te voy a escribir más tarde, escribo borradores en la cabeza, los corrijo constantemente para luego sentarme al teclado para escribir siempre otra cosa. Debo decir que estas cartas mentales invaden mi cotidianeidad de manera obsesiva, aunque es un rasgo más o menos típico en mí, me sucedía con otras cosas que quería comunicar hacia otras personas. Pero ahora me pregunto por qué me he encontrado tan vulnerable ante ti.

Indudablemente, uno de los motivos es nuestro mutuo gusto por lo prohibido, lo oculto, misterioso y trágico. Toda esa perversidad estética terminará por arruinarme siempre, pero el goce en el camino es innegable e irresistible. A los dos nos gusta el juego peligroso y si estabas buscando con quien jugar has acertado conmigo, pero quiero decirte que esa debilidad por los hombres mayores con sabiduría y experiencia es también muy peligrosa. Tarde o temprano te encontrarás con hombres de mi edad o mayores que, astutos como viejos zorros, se disfrazarán de abuelitas para comerte después (aunque semejante bocado hace que cualquier engaño para conseguirlo parezca poca cosa). Sabes bien que te expones a mucho daño. Yo mismo he lastimado a varias mujeres que fueron buenas conmigo, pero lo hice siempre porque tenía ciertas razones para hacerlo (sin negar por ello mi natural perversidad) pero quiero que sepas que aunque suene a muy conocido no tengo ninguna intención de hacerte daño y haré lo posible por evitar que otros lo hagan. Aunque todo esto suena muy pomposo porque sabemos bien que finalmente quien hará el daño serás tú, pero eso sí, porque yo me he entregado voluntariamente a ser destruido. Todos, eventualmente, somos destruidos por los demás y si tengo la oportunidad de elegir ser destruido por una criatura tan divina como tú me entregaré complacido. Lo que busco es lo mismo que tú, salir de la monotonía de esta existencia absurda y tan mediocremente predecible donde me paso la mayor parte del tiempo intentando resolver problemas mezquinos de la vida pequeñoburguesa.

He intentado, desde que tengo uso de la razón estética, hacer de mi vida una película que valga la pena verse, y sobre todo que no sea aburrida. Este fue uno de los motivos para irme de Lima, necesitaba estrenar nuevos escenarios y nuevos personajes, pues hacía tiempo que la trama de mi vida se había estancado espantosamente. Aunque reconozco que mi vida actual no es muy intensa, el comenzar de cero me ha reanimado y me ha sacado de mi hibernación limeña. Consciente o inconscientemente también busco rodearme de personajes que puedan aportar escenas dramáticas y estéticamente interesantes a mi película. Desde que has aparecido me veo paseando entre la realidad y la ficción y empiezo a perder el control sobre las cosas, aunque reconozco que esto también me gusta, cuando haya que hacer ajustes espero ser capaz de hacerlos. La concepción estética de la realidad nos permite jugar un doble papel que aquellos que viven en la ingenuidad existencial no logran ver, nos convierte en protagonistas y espectadores al mismo tiempo, nos da una habilidad de desdoblamiento, aun en los momentos más dramáticos hay que ser capaces de manejar esta dualidad, que de alguna manera nos aleja de la realidad y nos da cierto refugio ante su seriedad, pero también nos permite gozar de ella desde una perspectiva que normalmente permanece ajena. Hablo de esa lejanía infinita que experimentamos ante la vida de los demás que aunque nos afecta siempre permanece como algo que no somos nosotros. La idea de hacer de «lo nuestro» (esto suena tan deliciosamente ridículo) una obra de arte tiene también sus peligros, la dualidad de niveles (realidad y ficción) puede hacer que la realidad se convierta en una mera parodia de sí misma.

En una antigua clase de filosofía la profesora citó a Nietzsche quien decía que el hombre artista intuitivo se diferenciaba del hombre racional porque era incapaz de aprender de la experiencia. Debo admitir que tiene razón. Tengo ya varias experiencias de relaciones virtuales e imposibles que finalmente se extinguieron aplastadas por el peso de lo real, sin embargo, al parecer estoy dispuesto a creerme el cuento siempre. Tal vez porque mi necesidad de creer supera mi credulidad real. Debo darte las gracias por eso. Soy como un niño que ya no cree en Papa Noel pero que en cada Nochebuena vigila la sala agazapado tras la puerta.

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Viernes

Cosa bonita, después de regresar de la universidad y mandarte tus regalos me quedé tirado sobre la cama un buen rato pensando en tus fotos y en toda esta situación que parece ya tener un motor propio. Lo admito: tengo miedo. No quiero que la relación degenere en fantasías eróticas reprimidas entre alumna y profesor. Quiero que seamos sobre todo amigos y que podamos compartir nuestras fantasías en un ambiente de respeto y cariño mutuo. Espero que no creas que me he acobardado, sólo me siento mal cuando pienso que todo podría terminar en deseos del bajo vientre, que son muy respetables y naturales, pero tengo ideas más elevadas de ti y las ideas eróticas son solamente parte de un todo mayor.


Un rato después

Acabo de regresar del bar de la esquina y ahora me encuentro poseído por el demonio de Dionisos, él me ha iluminado con otra forma de lucidez. Me ha hecho ver que soy un hombre dividido, cohabitan en mí varios demonios: el peor, un demonio censor, socrático y judeocristiano, que me dice que soy un hombre perverso. Que me dice que mientras intento avisarte que hay muchos hombres que podrían aprovecharse de ti, entre líneas, utilizo mi retórica para seducirte y poseerte. El otro demonio es alegre y bailarín, es un demonio dionisiaco que me dice que los hombres se han pasado milenios intentando inventar fórmulas para ser feliz cuando se equivocan de raíz, no existen fórmulas para ser feliz. En el mundo sólo hay deseo, puro, salvaje y humano. El Estado intenta normalizar la felicidad humana, limitando con ello el deseo natural que no acepta ningún límite. Dionisos, in vino veritas, me ha tocado para decirme al oído que debo ser libre para amar aquello que considero digno de ser amado, aunque ello signifique hundirme en mi ocaso.

El viejo Aristóteles escribió la Ética a Nicómaco para intentar enseñar a los hombres la manera de ser feliz, en él recomienda ante todo la prudencia, el hombre prudente es el que sabe qué elegir en cada momento. La prudencia no me ha hecho feliz, sólo me ha impedido hacer lo que realmente quería hacer. Raskolnikov (quien lamentablemente al final de la novela se traiciona) decía que ciertos hombres (y mujeres) superiores tienen el derecho natural de romper las leyes e inventar sus propias reglas, que finalmente no son reglas pues no pretenden reglamentar nada, sólo pretenden hacer que la felicidad sea algo realizable sobre la tierra. La vida debe ser mayor que los intentos por encausarla. El deseo y la razón se han enfrentado siempre, pero el deseo siempre ha sido más fuerte porque a la larga siempre ha tenido razón.

Existe en mi aún otro demonio, más grande que los otros dos, este me dice que a pesar de que mi vida está condicionada por las decisiones grandes y pequeñas que tome en el camino, hay algo en ella que es insalvable e inmutable, algo en ella que es irremediablemente vulgar y ordinario. Es un demonio cínico e insobornable que se burla de mi cobardía y mi prudencia; y se burla también de mis pretenciosos intentos por hacer de mi vida una tragedia digna de ser vivida.


Sábado

Hoy me he liberado de todos los demonios anteriores, creo que por un rato hoy soy yo mismo, aunque lo que eso sea no lo puedo describir. Sólo sé que hoy me siento menos angustiado y ahora leo con buen humor todas las líneas anteriores y reconozco en ellas algunas cosas un tanto exageradas pero sabemos que las escribo por sazonar nuestra «obra», y por encima de la obra, quiero que sepas que siento algo bonito por ti, aunque no sé bien por qué, tal vez porque has entrado en mi vida en un momento muy adecuado en que me hundía en el mar de la indiferencia y la nada; y tú, cosa bonita que flota, has dejado que me aferre a ti. Seguiré flotando contigo mientras me sigas llevando a aguas desconocidas.

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Saturday afternoon

Ni siquiera he mandado tu segunda carta y ya estoy escribiendo la tercera. Supongo que debería hacer otras cosas también (Mis libros acumulan polvo en mi mesa de noche y me miran con ojos tristes, pero ellos, al menos los antiguos, ya me conocen, saben que siempre, a la larga, regreso). Pero ya hice las compras domésticas, sólo me falta comprar una pieza de pan que masticaré en la noche.


¿...Y si me fuera a vivir contigo?

¿Si te vinieras a vivir conmigo? Sabes muy bien que yo estaría encantado. Sin embargo, la experiencia me ha hecho no tomar tan en serio las frases impulsivas de las niñas bonitas como tú. Anyway, supongo que si estás considerando la posibilidad de venir a España has pensado en mí como contacto y base de operaciones para tu llegada y reconocimiento del lugar. Si es así cuentas con todo mi apoyo, en todo caso no me necesitarás por mucho tiempo; con tu belleza y talento sé que muy pronto conquistarás el viejo continente. Afortunadamente he aprendido a no imaginar un futuro serio contigo niña linda. Sin embargo, sí me parece bien mantener el contacto y establecer una buena y duradera relación (del tipo que fuese).

Te cuento niña que desde que me mudé a mi nueva cueva me siento mucho mejor que en el antiguo piso. Creo que tiene que ver con no vivir con una persona desagradable; ya recordarás la vieja bruja con quien tuve que vivir durante dos años. Definitivamente es muy insano compartir la casa con alguien que detestas. Aquí tengo dos chicas simpáticas de compañeras de piso aunque una está a punto de mudarse con su novio; han conseguido un piso alquilado para hacer su nido de amor. Ella tiene 25 años y él debe estar por ahí. Me conmueve ver lo ingenuos que son y lo ilusionados que están (ambos son especimenes corrientes, jóvenes predecibles con gustos corrientes). Yo nunca viví algo así y tal vez siento cierta envidia porque nunca pude realizar esa fantasía. Ahora todo eso me parece extraño y lejano. Pero supongo que también, deep inside, anhelo vivir con una bella y buena mujer. Es algo duro estar siempre solo y comer de latas y sobres precocinados. Sobre todo la soledad existencial se siente cuando hay un feriado largo. Hubo uno la semana pasada y me quedé solo en Madrid. Mis amigas se fueron a sus pueblos y de pronto me di cuenta otra vez de que no tenía novia ni una mujer que me acompañe en aquellos días largos y vacíos.

(don’t feel bad for me, in some way or another I’ve chosen this life)

Ahora parece que el lugar de la chica que deja el piso será ocupado por un pata. Eso no me gusta. Yo creo que dos hembras y un macho combinan bien pero dos machos y una hembra será incómodo y muy pronto el piso empezará a irse al diablo. Las chicas mantienen las cosas más limpias y alegran el espacio. Además sé que pronto la chica sobreviviente pensará en mudarse y entonces queda el peligro de que la casa se convierta en un «piso de tíos». En todo caso si la chica se va yo me encargaré de que sea reemplazada por otra hembra. Es bonito ver a las chicas llegar en la noche después del trabajo y ponerse su ropa chacra de casa. Se ponen un buzo y un polo viejo. Yo no sabía que ponerse esa ropa era una práctica tan común. También andan en pijamas de corazoncitos rojos. Lo bueno es que cuando las chicas lindas se ponen buzos viejos siguen siendo lindas y ellas lo saben. La belleza siempre alegra el espacio. Tal como yo sospechaba, la convivencia con chicas guapas ha ocasionado la aparición del tabú del incesto. Estas chicas no han despertado mi interés sexual porque ellas son ahora mi clan familiar temporal. De esa forma cualquier contacto erótico es reprimido por el tabú que rodea las relaciones endogámicas.

Hay algo que debes saber, si es que no los sabes ya. En general, conocemos muy poco a los demás, los demás son lo que nosotros proyectamos en ellos, gente que debe cumplir nuestras expectativas. Tal vez por eso siempre estamos expuestos a sufrir decepciones. Pero tal vez esa decepción tiene más origen en la persona decepcionada que en el «decepcionador». En definitiva, queremos que la gente sea y actúe de determinada manera para poder realizar nuestra película. Esto está bien y es hasta cierto punto inevitable, pero debes saber que a veces, muy pocas veces, llegamos a conocer a la gente más profundamente. De alguna manera llegamos a conocer a la persona, no como queremos que sea, sino como es para sí misma (aunque como la persona «verdaderamente es» no existe, es una ficción). Esas personas que conocemos un poco más son con las que podemos establecer relaciones más duraderas. Son tal vez nuestros familiares y amigos cercanos que hemos visto en distintas situaciones y sabemos cómo actuarán. Esa cierta certidumbre nos da confianza y seguridad. Si te digo todo esto es porque no quisiera que sólo me veas como el antiguo profe pervertido. Soy mucho más que eso, niña linda. Sé que tú también eres mucho más que la niña transgresora y atrevida. Esa parte de tu personalidad también esconde temores e inseguridades mucho más profundas. Pero no temas, a tu edad se espera tener muchas dudas. Y si puedo te ayudaré a aclararlas.

Desde que renuncié al futuro vivo mejor el presente.

Pensé en esta frase ayer mientras caminaba por mis nuevas calles. Pensé que estaba bien y quise compartirla contigo. Si bien el futuro es siempre esperanza y posibilidad, es también una amenaza. El temor al fracaso, la soledad y el desamor. Estos temores pueden llegar a echar a perder el presente porque nos paraliza. Dejamos de vivir el presente por pensar en el futuro. No sé si esto sirva de algo porque en realidad mucha gente cree que soy un hombre irresponsable e inmaduro por seguir viviendo como un estudiante juvenil sin pensar en mi futuro profesional o laboral; sin pensar en comprar una casa o formar una familia. Hacerse viejo trae consigo tantas cargas pesadas (sobre todo acumular pasado y aquellas cosas que uno nunca realizó). Sin embargo, yo aún reclamo mi derecho a hacer otra cosa, todavía no sé cuál pero no haré lo que millones de personas hicieron antes que yo sólo porque eso era lo que se supone que tenían que hacer. Cada vez desprecio más el mundo de los burócratas y banqueros (hombres en camisa rosada). Son un mal necesario. Y cada vez me interesa más conocer aquellos aspectos inútiles de la vida; la ciencia, la biología, la belleza, el mundo natural y salvaje que hemos abandonado hace años por la ilusión de una vida urbana mejor y más cómoda.

La edad, hermosa mujer, trae consigo una extraña mezcla de lucidez que se parece al desencantamiento. Te das cuenta de que el mundo es muy distinto de los cuentos que te contaban sobre él cuando eras pequeño. Ese darse cuenta del mundo puede traer cierta nostalgia pero también trae cosas buenas: un sentimiento de libertad y un reconocer que el mundo no está determinado aún (existe sólo un planeta Tierra pero infinitos mundos). Todavía podemos hacer del mundo lo que nosotros queremos que sea. O podemos construir nuestro propio mundo personal privado e intransferible pero de algún modo compartible con aquellos que creemos merecerlo.
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4


Friday (maybe)

Me gustó mucho tu reciente aclaración sobre nuestra relación, conejo sicosomático (no me preguntes que es eso; simplemente suena bien como tu nuevo seudónimo virtual). Me sorprende tu madurez para darte cuenta de tu propia situación, tus propios fantasmas y las estratagemas que utilizas para alejarlos. No es verdad que no tienes cosas para enseñarme. De ti también aprendo mucho así que no creas que nuestra relación es siempre unidireccional del tipo profesor-alumna, en todo caso, siempre estaremos intercambiando roles.

Niña de la primavera eterna, a tu edad yo recién empezaba a darme cuenta de las cosas pero no le daba demasiadas vueltas. Creo que hacía las cosas que se suponía debía hacer sin cuestionarlas mucho. Esto significa que si yo fuese de tu misma generación no me harías el menor caso, tal vez dejarías que me enamore de ti para luego romperme el corazón como haces con los otros niños. Pobres, debe ser muy duro amarte y sufrir por ti. Yo te quiero de una manera muy particular. Creo que de esa forma no estaré en peligro de sufrir por ti. Tal vez no te tengo ese temor espantoso que sienten los amantes ante la posibilidad de perder el ser amado. No siento esto por ti porque nunca te tuve, así que técnicamente no te podría perder. Al menos no de la manera que se pierden otras personas. Creo saber el mecanismo para no perderte: dejarte ser libre para acercarte cuando quieras y dejarte desaparecer cuando lo necesites. Las niñas de tu edad están siempre distrayéndose con cosas bonitas, colores brillantes, música que invita al baile, máquinas en movimiento y seductoras imágenes del futuro. No se puede competir con tales distracciones. Hay que dejar que las niñas se diviertan, luego, cuando tienen hambre y frío, volverán al hogar para buscar calor y algo de comer.

Estuve imaginando también como sería vivir juntos y tuve que aceptar la posibilidad de dejarte coquetear y salir con otros machos más jóvenes que yo. Me preguntaba si podría aceptar algo así. Al menos sé que a tu edad tendrás muchas tentaciones y es normal que te intereses por machos jóvenes y bellos, así que yo tendría que dejarte ir, niña linda. Sólo te pediría que seas cariñosa conmigo al regresar. Tienes razón que sería para ti un padre-amante. Desde el punto de vista freudiano (que ya ha sido superado por todos los frentes) estás buscando alguien que reemplace la figura del padre ausente. Yo nunca he creído en los traumas infantiles por la ausencia o muerte de los padres. No creo que eso justifique una personalidad trastornada o débil. En realidad, al menos hasta hace 100 años era normal que los padres muriesen cuando los hijos eran aún jóvenes. Era muy raro llegar a adulto con los padres vivos, así que no creo que eso sea motivo de traumas o desequilibrio emocional y afectivo. Aunque a partir de mi generación -y con mayor razón la tuya-, estamos acostumbrados a tener padres hasta adultos. Yo nunca pensé que llegaría a mi edad con ambos padres vivos. Entiendo perfectamente que la falta de un padre te cause un vacío afectivo y que busques eso en hombres que no son ni demasiado viejos ni demasiado jóvenes. Es raro tratar con gente que está en vías de desarrollo como tú que ya no eres una niña pero tampoco una mujer adulta. Ese tramo de metamorfosis hace que no sepas como comportarte. Reconozco que yo tampoco sabía bien como comportarme contigo. Por ratos veía una niña confundida y asustada; por otras, una joven y bella mujer que me tentaba con malicia (y que me besaba sorpresivamente en un taxi).

Quería decir algo sobre la sabia clasificación que haces entre aquellos que sufren golpes fuertes en la vida a una edad muy temprana y aquellos otros que sufren esas cosas «a su debida edad» y crecen de manera «normal». Me decías que tú eras de las primeras. Yo, debo admitirlo, soy de los segundos. Cuando lo pensaba dudaba si debía avergonzarme por no haber sufrido como tú y muchos otros. Es ridículo disculparse por no haber sufrido. Además, a mi edad tengo ya varias tragedias que cargar. Conozco el fracaso y eso es algo muy duro, aunque supongo que también es normal «a mi edad». Admito que si hay algo que desconozco -y que por ello temo- es la muerte. Mis padres son muy mayores y sé que cualquier día a través de ellos tendría que enfrentarme a la muerte. No sé como voy a reaccionar ese día. Espero estar a la altura de las circunstancias, aunque tampoco sé qué significa estar a la altura de la muerte.

Anyway, uno no puede vivir la vida para satisfacer a los padres, conejo navideño, hay que hacer, como dice la canción, lo que dicta el corazón. Los padres se alegran si logramos hacer lo que realmente queremos hacer. Yo no sé mucho de la relación que tenías con tu padre pero estoy seguro de que él estaba muy orgulloso de tener una hija tan bella, inteligente y talentosa, así que al menos puedes estar tranquila por eso. Ahora depende de ti que te atrevas (el verbo está bien puesto pues hay que atreverse) a hacer lo que realmente quieres hacer. Si aún no lo sabes no temas, niña de los rizos dorados, siempre hay tiempo para saberlo y cambiar de rumbo. Lo equivocado es pensar que lo que queremos hacer ahora será nuestra ocupación hasta llegar a viejos, como si las elecciones importantes se hiciesen a cierta edad y luego la vida siguiera sólo por inercia. No es así, futura mujer de futuros domingos por la mañana, la vida puede reiniciarse en cualquier momento, como estas máquinas que usamos para expresar nuestros pensamientos que luego apagamos con un clic.

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5


Me conmueve que odies la palabra «ternura» y sus variantes. Cuando yo tenía tu edad también me avergonzaba de usar esas palabras y mucho más la palabra «amor, cariño» y cosas parecidas. A esa edad los chicos nos hacemos los duros. Debemos mostrar afecto pero no mencionarlo directamente. Hacer lo justo para ser sensible pero not too much. Son tonterías de la juventud. Ahora no me da vergüenza usar esas palabras como sus antónimos. No temas decir que sientes ternura por mí, niña del desierto ultramarino, yo siento algo muy lindo por ti pero no podría describirlo con precisión. Supongo que contiene varias cosas. Creo que al menos puedo decir que no sólo es tu belleza y la posibilidad de amar tu cuerpo lo que me mantiene escribiéndote estas largas cartas. Maybe inicialmente ese factor era más predominante. Con el tiempo me has mostrado cosas que van mucho más allá de tu superficial e insaciable sed de trasgresión.

He tenido una infancia larga, feliz y tranquila. Pero eso no me hace menos interesante. Siendo sincero, creo que me gusta alardear de mi inmadurez y mi anarquía social. Me niego a pensar en comprar una casa e hipotecarme hasta viejo (hace poco hubo una manifestación contra el elevado precio de los pisos y las hipotecas para comprarlos y uno de los sugestivos lemas era tan contundente como esto: «no vas tener casa en tu puta vida»). Me niego a seguir el camino trazado por la sociedad de clase media, trabajadora, respetable y sacrificada. Como muchos otros, estoy siempre esperando una señal que cambie mi vida. Por otro lado, a veces me parece ridículo mi supuesto heroísmo. Hay veces, mujer del arbusto en llamas, en que todo parece tan poca cosa, tan insignificante, embustero y pretencioso. Creo que me entiendes. Entiendo que contengas mucha ira acumulada por los caminos que sabes deberías seguir. Te preguntas qué hay que hacer para ser bueno y respetado. Y si hacer esas cosas te hacen débil y tonto. ¿Será verdad que los malos son más inteligentes y listos porque se atreven a romper las normas y salirse del camino correcto? Los buenos defienden y practican la bondad más porque están convencidos de su propia cobardía que porque crean en el bien. ¿Por qué nos fascinan tanto los transgresores, los antihéroes? ¿Acaso no se puede uno divertir y ser bueno a la vez?

Siempre termino hablando de mí mismo como si mi vida fuese interesante. He oído a otros también hablar de sí mismos y he bostezado largamente. Supongo que a los demás les pasará lo mismo conmigo. Mientras yo sólo sea yo no tendré más remedio que dar interminables testimonios de mi existencial individual.
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6

Sunday, again

Un día para el balance semanal y la celebración de nimiedades que al fin y al cabo make a lifetime.. He comprado novedades en estos días para entretenerme y huir de los malos pensamientos y recuerdos incómodos, niña de tormentas silenciosas. Discos nuevos a precios muy baratos. Hace tiempo que mi pequeña pero sustanciosa discoteca necesitaba renovarse. La falta de buen gusto general hace posible que algunos buenos productos musicales acumulen polvo olvidados en los estantes y que luego, por la falta de demanda, se vendan a precios bajos e injustos ante el precio que cuestan los decadentes productos musicales de moda. Este fenómeno se explica porque desde hace algunas décadas las clases obreras, siempre incultas y de gustos groseros, han alcanzado un poder adquisitivo que les permite gastar en ocio y objetos de consumo innecesarios. La falta de educación sumada al excedente adquisitivo es lo que explica la aparición del mal gusto (materializado en la temible figura del nuevo rico) y los productos que se crean para alimentarlo. Esto también fue lo que hizo posible la aparición del pop art, que no fue otra cosa que la creación de un arte popular para clases obreras sin educación en las fine arts. Fue paradójico que luego la vulgaridad estética se vendiese en las galerías más caras del mundo como obra de arte refinado.

La adquisición de mis nuevos discos ha coincidido con un mal momento para escucharlos pues mi viejo equipo portátil está sufriendo los efectos del desgaste y ya no quiere reproducir los discos como antes. Para poder escuchar un disco debo pasar una brocha sobre el plato del reproductor y si tengo suerte puedo escuchar el disco por un rato hasta que empieza a interrumpirse para detenerse por completo. Es muy irritante no poder escuchar mi buena música. La música, al igual que los libros, son todo lo que me acompaña y no puedo renunciar a ellos. Afortunadamente he rescatado del cajón a mi viejo discman Sony que está respondiendo muy bien ante esta terrible emergencia. Ahora mismo, mientras escribo esta crónica, estoy utilizando mi discman que reproduce con fidelidad uno de mis nuevos discos. Estoy planeando otra incursión a esta tienda para adquirir más discos que he visto publicados en el catálogo. Aunque mi economía es bastante frágil hace tiempo que la música estaba esperando un momento como este y debo invertir en ella aunque luego tenga que sufrir las consecuencias de tal desembolso. Creo que intentaré llevar mi viejo equipo a un lugar para repararlo. Creo que el problema es bastante sencillo. Algo anda mal en la mecánica que soporta los discos. Esta mañana intenté repararlo destornillando la única pieza visible y al parecer ahora está peor. Aquí el servicio técnico es muy caro por eso hay gente que prefiere estudiar para ser gasfitero que ser abogado. Sólo los locos desadaptados como yo pueden pretender estudiar arte y filosofía que no dan ni para comprar un sandwich. En caso mi equipo no tenga salvación tendré que comprar otro. Esto no me gusta pues mi idea es ahorrar para comprarme una laptop, sin embargo, en el orden de mis prioridades la música irá siempre primero. Utilizo mi discman en mis largos viajes en metro para ir a trabajar. También voy armado con algunos sudokus que recorto de los periódicos. Ahora poca gente tiene discman, todos tienen unos pequeños y misteriosos aparatos electrónicos llamados ipods, seguro has oído hablar de ellos pues pertenecen a tu generación. Sé que estos aparatos dependen de una computadora al igual que las cámaras digitales, así que como no tengo computadora moderna menos aun puedo tener los aparatos que se inventaron después. Cuando saco mi discman la gente me mira con odio. Si llevas discman en la calle significa que, o eres pobre, o eres onda retro o ambas cosas (y aquí ser pobre está muy mal visto) (en cambio la huachafería y la ignorancia son bien aceptados por ser la norma). Hay algo hermoso en ir retrasado en tecnología. Un extraño orgullo que afirma no ser esclavo del consumismo posmoderno. Aquí la gente es muy acomplejada y siempre quiere tener los últimos aparatos digitales. Pronto (en la próxima campaña navideña) se les verá haciendo interminables colas en los centros comerciales para adquirir el nuevo artilugio digital de moda. Mientras ellos hacen la cola desesperados yo me echo una siesta. Ser pobre es inconveniente pero paradójicamente también da cierta libertad. Es ésta una sociedad de superficies.

Otro inconveniente serio de vivir en España es la falta de una buena radio. La mayoría de radios pasan tonadas de moda, reggaeton y otras inmundicias para la plebe. Extrañamente, en Lima hay mejores radios. Para resolver en parte la tragedia de no poder oír mi música me puse a buscar una buena radio y al no encontrar nada decente tuve que dejar sintonizada la radio de música clásica que ha funcionado bien hasta cierto punto. Recientemente una de mis ocasionales amantes me recomendó una radio llamada onda melodía. Pasan rock and pop de los 70, 80 y 90 en inglés y español. Es una rara mezcla de música para treintañeros nostálgicos y secretarias insatisfechas, pues después de un buen clásico de Supertramp pueden poner una vieja canción de Roberto Carlos.

En caso vengas a vivir a Madrid lo más seguro es que tengas que compartir piso pues alquilar un piso entero es carísimo y además a tu edad te convendría vivir con más gente. Desde ese punto de vista es viable que podamos ser flatmates. No demores mucho, niña del fondo del armario, me hago viejo y los caminos me conducen a buscar una novia de verdad. No es bueno que un hombre como yo esté siempre solo.
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7

Tu referencia al matrimonio y a Kant fue extraña. En general, las mujeres empiezan a pensar en casarse cuando son mayores y buscan un buen macho proveedor para sus futuras crías. No te preocupes por eso, niña del eclipse lunar, tú podrás escoger entre muchos buenos machos guapos y ricos para casarte cuando creas que sea conveniente. Sólo te recomiendo que no te cases con el primer novio formal que tengas pues siempre hay buenas posibilidades de conseguir uno mejor. Además, si tienes un largo noviazgo casarte puede ser contraproducente porque en general, después de unos años ya ha pasado la etapa de pasión. El amor apasionado dura entre uno a dos años, luego la cosa se enfría y el enamoramiento intenso desaparece. Según los biólogos evolucionistas el fin del amor apasionado se sitúa alrededor de los 4 años, y esto es así porque hace milenios cuando la hembra y el macho se gustaban fornicaban inmediatamente y tenían los hijos que la naturaleza les permitía. Si la pareja tiene hijos al comienzo de la relación sexual y afectiva entonces los hijos, pequeños aún, gozarán de la protección de los padres que se mantendrán juntos porque el amor apasionado aún no ha decaído. Alrededor de los 4 años los niños ya caminan solos y pueden alimentarse más o menos bien, por lo tanto los niños ya no necesitan que los padres se mantengan juntos como cuando eran bebés. Entonces la naturaleza permite que el interés en la pareja inicial se marchite para que los padres sean libres para continuar su deber reproductivo con otras futuras parejas. Como ves, el amor es también una adaptación evolutiva. Tal vez esto no se adecua al formato romántico que vende el status quo, pero debemos recordar que deep inside, una vez desnudos, sin celulares ni artilugios electrónicos, seguimos siendo hombres y mujeres de las cavernas, y tal vez por eso me siento tan bien viviendo en una cueva.

La tradición oriental critica la costumbre occidental de casarse después de un largo noviazgo porque es cierto que el máximo enamoramiento ya ha pasado y luego todo va cuesta abajo. Te recomiendo también que no hagas mucho caso a la ética kantiana. Kant cambió el deber por la felicidad y decía que como los hombres no pueden ser siempre buenos, debemos hacer al menos buenos ciudadanos. El supuesto dogmático de Kant es, como seguramente ya has visto, que existe el bien y el mal en términos absolutos, abstractos y sobrehumanos. Desde este punto de vista hay ciertas cosas que son categóricamente buenas y otras malas. Como tú y yo sabemos que el bien y el mal son construcciones sociales que se inventan por acuerdo colectivo, podemos olvidarnos del deber kantiano. El deber kantiano sirve para controlar a la plebe y los hombres de espíritu débil y pueril. Fue muy conveniente sobretodo para los hombres piadosos, pues los creyentes también basan su fe en un dios que garantiza un bien y mal absolutos.

Monday evening

Ayer se mudó al piso el nuevo flatmate. Cuando llegué en la noche lo encontré en la cocina con Marta, la otra flatmate. Charlaban animadamente y noté que Marta parecía más reluciente que en otras noches. Luego llegué a la conclusión de que coqueteaba y estaba contenta con el nuevo inquilino. El tipo tiene 25 años y debo reconocer que es simpático y bien parecido. Había pensado ofrecer alguna resistencia ante la amenaza del nuevo macho joven en mi territorio pero al ver a la única hembra tan contenta me di cuenta de que ya no tenía sentido luchar. Me retiré sin combate protegiendo sólo los pequeños territorios ambiguos que durante el poco tiempo que llevo en esta cueva había conquistado. Ahora él -cuyo nombre aún no conozco y no me atrevo a preguntar-, se está haciendo patas con Martita. Yo quería otra chica y supongo que Martita quería un chico y por eso ahora hay dos tíos y una tía. Extrañamente me sentí como Woody en Toy Story tirado en el rincón ante la aparición de un resplandeciente Buzz Lightyear que además tiene celular de última generación, laptop y demás aparatos electrónicos que hay que tener para ser considerado alguien respetable. Ahora ellos serán los niños de la casa y yo el viejo. Se nota que tienen más en común entre sí que conmigo. Intercambian crónicas de juergas universitarias recientes y viajes divertidos a países vecinos. Aunque su charla era trivial era muy adecuado pues representaba el tópico esperado de los jóvenes corrientes. Cuando pensaba intervenir siempre se me ocurrían sólo ironías (es que al igual que tú, tengo ese inevitable instinto depredador que se divierte ridiculizando lo serio y haciendo serio lo absurdo) así que opté por guardar silencio y limitarme a recolectar información. Es muy inusual que a mi edad todavía alguien esté compartiendo piso pues eso es propio de gente muy joven que recién empieza. Luego ahorran dinero y se hipotecan hasta ser viejos pero logran vivir «en su casa» y morir en ella. Supongo que para estos chicos yo debo ser un anciano que tuvo mala suerte en la vida y por eso aún vive compartiendo piso con chiquillos. Cómo explicarles, niña del sol nocturno, cómo explicarles que yo no tuve mala suerte; cómo decirles que estoy aquí por una extraña mezcla de indecisión, aventura, inercia y azar; cómo decirles que odio incomodar, que yo también estoy sólo comenzando, siempre comenzando; que sólo me gusta el comienzo por eso no pretendo terminar las cosas sino sólo empezarlas; que soy sólo un ocupante de cuevas pasajeras. Nómada sin rumbo, sin plan B ni salidas de emergencia.

Pero tienes razón, doy demasiadas explicaciones.
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¿Jálohuin?

Día de los muertos. Ayer la ciudad estaba muy ajetreada con mucha gente yendo de un lugar a otro entre brujas despistadas, dráculas y monstruos improvisados. He notado que el día anterior a un feriado la gente se desespera por comprar víveres y cosas domésticas para sobrevivir al día feriado en que no podrán comprar nada. Se preparan como para un bombardeo aéreo. En el metro vi una bruja muy linda y pensé que debía usar el disfraz más a menudo. Yo también estaba muy ocupado con mis propios asuntos. Fui, a última hora, a la tienda de música del otro día y además de adquirir 3 discos nuevos compré un nuevo equipo de audio (la idea de pasar el día feriado en casa sin música era paralizante). Este equipo es más grande y potente que mi antiguo Sony y tiene parlantes separados, control remoto (que aquí llaman «mando a distancia») y suena bastante bien. Un equipo más de tribus sedentarias que de nómadas. Ayer en la noche me dediqué a colocarlo y he terminado el proceso esta mañana con resultados más que satisfactorios (no es tan sencillo, hay que hacer un estudio previo del espacio disponible; la separación de los parlantes para obtener el mejor efecto estereofónico, y por supuesto, pensar en la mejor presentación posible). También he construido unas esculturas posmodernas con los materiales de empaque que han quedado muy bien en mi amplia estantería empotrada. Sería bueno que vengas antes de que me mude de este lugar pues lo tengo muy bien arreglado y no creo que en el futuro pueda tener una cueva tan buena. Ahora puedo escuchar música con un sonido de calidad. Como ya dije antes, puedo vivir sin amor, sin sexo, sin dinero pero no puedo vivir sin música.

Guardé mi viejo equipo en un armario con la vana esperanza de que tal vez, en un futuro no muy lejano, pueda resucitarlo al igual que esos millonarios que se congelan cuando mueren por si acaso algún día exista la tecnología necesaria para traerlos otra vez a la vida, seguramente para tener más tiempo para poder gastarse el dinero que habían dejado al morir. Mi equipo y yo pasamos 7 años juntos y en ese tiempo ha sido testigo de numerosas batallas victoriosas.

Es muy extraño hacerse viejo, niña del viaje sin retorno. Cuando recuerdo décadas pasadas siento como si todo aquello hubiese sido vivido por otro. Es casi como si alguien me contase su vida. Sobre todo es difícil recobrar la manera en que sentía o pensaba en aquellos años lejanos. Todo parece ingenuo y pintoresco. Tal vez porque una vez pasado el tiempo ya nada es demasiado trágico; las cosas sólo pueden ser serias y trágicas en el presente o en el futuro cercano. La memoria es frágil y selectiva y aquellos recuerdos que se consultan poco terminan por extinguirse en el olvido eterno. A veces surgen recuerdos inesperados que aparecen con alguna palabra capturada al vuelo o melodías callejeras. Creo que la alienación del pasado es mayor a medida que nos mudamos y cambiamos de entornos y personajes. Entonces el tiempo deja de ser lineal y continuo y se fragmenta o se divide en capítulos cerrados. Por eso el tiempo pasa inadvertido cuando te quedas en el mismo lugar. Los viajeros acumulan vidas como acumulan lugares y personas extrañas. Esta fragmentación temporal no sucede en los viajes turísticos, sólo sucede cuando los viajes son largos y las ausencias prolongadas. Como yo he vivido en varios países y ciudades desde mi infancia ya estoy acostumbrado a dividir mi vida según los lugares que he habitado. Desde que vine a España he empezado una nueva vida y ahora mi vida en Lima es cada vez más lejana. Mi última visita me hizo revivir muchas cosas pero yo sabía y sentía que ya era un extranjero en la ciudad.

La permanencia prolongada en un mismo lugar tiene como consecuencia la acumulación de experiencias repetitivas, la solidificación de las relaciones afectivas y la aparición de compromisos cada vez más irreversibles. Por eso, niña del corazón salvaje, si quieres ser forever young deberás estar preparada para mudarte de ciudad, de país y de continente. Pero no temas, en todos lados se pueden encontrar cosas que hacen que el viaje valga la pena.

Cosas bonitas

Perro

miércoles, 10 de septiembre de 2008

SUEÑO FELINO

El gato volvió a soñar anoche.
Oímos sus pequeños murmullos y vimos sus bigotes estremecerse violentamente
tal vez soñando con jugosos ratones blancos o con desabridas fórmulas secretas
que revelan el sinsentido del mundo.

Los colmillos también duermen soñando con carne blanda y sangre caliente.
Sus uñas descansan quizás recordando los alegres dibujos que dejaron tatuados en nuestra piel;
las garras suaves y limpias esperando futuras presas asustadas y torpes.
El silencio interrumpido por el tibio ronroneo del depredador.

Mientras el gato pueda soñar estaremos a salvo.

lunes, 8 de septiembre de 2008

LA LISTA DE LA COMPRA

Necesitamos urgente para mañana:

la memoria del reptil para no recordar
los ojos del búho para no ver la salida del sol
la pata del caracol para no salir corriendo
los sueños del tiburón para no dormir.

Y si el dinero alcanza también necesitaremos:

el paso del cangrejo para no ir demasiado lejos
el grito del mandril para no oír secretos a voces
la lengua del sapo para no hablar de más
y la prisa del perezoso para no llegar antes de la hora

domingo, 7 de septiembre de 2008

POLVO SANTO

Como todos los años, Moisés rompía las tablas de los Diez Mandamientos indignado por la masa de ignorantes pecadores que formaba lo que se suponía era el pueblo elegido. El viejo Charlton Heston tenía razón para estar enojado. Cerdos; así nunca entrarían al reino de los cielos. Estas escenas televisivas advertían con gesto amenazador la presencia de otro típico y celestial Viernes Santo. Pero estas señales ya no podían alcanzarme. Yo tenía un plan.

Apagué el televisor e imaginé a mi futura María, tal vez sentada también frente al televisor admirando la bíblica barba de Heston mientras se rascaba las nalgas. Entonces no tenía idea de que pronto llegaría un cliente, que a diferencia de los otros muchos hombres que satisfacía, estaba interesado fundamentalmente en el significado teológico de pecar en Viernes Santo. Aunque ella lo ignoraba, era una pieza de un plan antidivino, humano y sublime. Considerando que hacía mucho tiempo que estaba sexualmente inactivo y aprovechando la inevitable llegada de la Semana Santa, pensé que sería una buena oportunidad para realizar un pecado carnal de verdad. Había preparado mi plan tan cuidadosamente como Dios planificó hacer el mundo en 7 días. Pero a mí me tomó menos. Había calculado que dado el sentimiento de culpa cristiano generalizado existente en los países latinos, habría pocos tipos buscando sexo ese día; o al menos pocos dispuestos a pagarlo. Muchos esperarían hasta el sábado, en que, gracias a Dios, todos serían libres otra vez para pecar. Luego el domingo podrían nuevamente cambiar sus pecados por una misa, un par de rezos y uno que otro bostezo. Lo único que podía fallar era que las putas también quisieran tomarse el día libre para sentirse menos putas en un día tan simbólico. Aunque el papel de María Magdalena les quedaba muy bien y les permitía participar de la liturgia con cierta dignidad.

Como me tomo las prohibiciones religiosas muy en serio había decidido que debía comer de almuerzo una jugosa hamburguesa de res. Era perfecto, dos pecados indiscutiblemente carnales. Sabía bien que en muchas otras casas, en otras cocinas, la gente comía cosas que olían a pescado con una triunfal cara de satisfacción, esa que pone la gente cuando cree estar haciendo lo correcto. Es tan cómodo ser un buen cristiano. Pensé que debía acompañar mi sangriento almuerzo con música metal para crear un ambiente menos celestial, pero inmediatamente recordé que no tenía música metal ni me gustaba. Ese comportamiento disidente es de adolescentes rebeldes sin causa. Yo, que ya no era adolescente, era rebelde pero tenía causas perfectamente justificadas. Mi pecado sería una obra de arte. Una venganza sobre un pasado y una moral cristiana represiva que yo no había elegido pero cuyas consecuencias debía sufrir.
Había buscado el burdel más cercano a través del periódico y había llamado para preguntar si había chicas disponibles. Una mujer de voz ronca me contestó que ellas trabajaban todos los días del año. Me pareció muy considerado y amable que ofrezcan sus servicios todos los días. Definitivamente, debían ser mujeres que conocían bien a los hombres. El deseo sexual no acepta horarios de oficina. Mientras me bañaba pensaba en cómo sería mi María Magdalena. Pensé que debía ir muy limpio pues también esperaba que ella estuviese limpia para mí. Aunque sabía que era muy probable que su cuerpo estaría sucio con los olores y humores de otros hombres. Ni modo, eso era algo que yo no podía controlar. Al menos yo iría muy limpio para ella y ella me lo sabría agradecer.

Me secaba alegremente pensando en la ejecución de mi plan. Mi vecina del edificio de enfrente me miraba extrañada porque esta vez no me había desnudado frente a ella. Debo admitir que mi vecina me ha ayudado mucho durante mi tiempo de sequía sexual. Entre mi vecina y yo tenemos un juego erótico tácito. Yo salgo de la ducha para secarme y me ubico justo en la parte de la habitación donde ella puede verme desde su ventana. Ella se pasa toda la tarde tomando sol y poniéndose bronze. Nunca he podido verla de cerca pero desde la distancia que nos separa se ve que es una rubia muy guapa. Pero sus largas tardes al sol dorándose con un cálculo casi geométrico me hacen pensar que es una chica corriente en su categoría. Al menos le he dado la posibilidad de vivir algo excitante y perverso. Al comienzo tuve la esperanza de que ella siguiera mi ejemplo, pero eso hubiese sido demasiado cinematográfico; en la vida real esas cosas raramente pasan. Yo debía ser, como casi siempre, el protagonista que rompe con las restringidas reglas de la normalidad. Ella, que una vez me hizo señales para que me quitara de su vista, en el fondo debe estar muy agradecida. Es muy excitante que me mire sin querer mirar. Supongo que pensará que yo la fuerzo a mirar, la obligo a participar, tal vez como si la violara. Aunque eso también es algo que hace todo más excitante aún. Me convierto en exhibicionista y a ella la convierto en voyeur. Puede disfrutar del espectáculo y a la vez asumir el cómodo papel de víctima. Definitivamente, debe haber desarrollado ya el síndrome de Estocolmo, me odia pero cuando me vaya sé que pensará en mí con tristeza lanzando una mirada inútil a mi ventana cerrada. Hay días en que creo que está de mejor humor y decide participar más activamente, como por ejemplo, a veces se pone a saborear un helado durante mi función reemplazando freudianamente mi pene por su helado de fresa. El show es siempre el mismo. Me seco lentamente frente a su ventana y verla viéndome me excita al punto que me garantiza una satisfactoria masturbación en el baño. Luego regreso calmado y no la miro más. Supongo que mi indiferencia posterior me delata, pues sucede lo mismo en el sexo real. Luego me visto pero fuera de su alcance con el mismo pudor que muestran algunas mujeres que luego del coito se cubren como si algo hubiese cambiado. Tienen razón, antes y después del orgasmo las cosas definitivamente cambian. Aunque mi vecina aún no se atreve a imitarme al menos sí me permite observarla al vestirse en su ventana. Me ha revelado algo que sospechaba pero nunca había confirmado: Las chicas se prueban varias ropas incansablemente hasta que finalmente se deciden, como es predecible, por el primer trapo que se probaron.

Pero como decía, esta vez no me exhibí delante de mi hermosa vecina rubia. Supongo que ella habrá sospechado algo. De todas maneras al día siguiente seguí ofreciéndole mi show garantizando así la continuidad de nuestras cordiales relaciones vecinales. Ya en la calle podía oír el lejano barullo de la orquesta que dirigía la procesión. Era extraño pensar que la gente podía hacer cosas tan distintas al mismo tiempo. Me cruzaba con los viejos bien vestidos y los niños en sus mejores trajes domingueros (porque el Viernes Santo equivalía a un domingo reloaded). Muchos sonreían contentos y todo tenía esa aplastante y cristiana atmósfera familiar.

El burdel estaba a pocas calles de mi cueva y había calculado que la distancia me permitiría fumar un cigarrillo sin prisas. Empezó a llover ligeramente, pero no era una lluvia capaz de detener las cosas que ya se habían puesto en marcha. Pensé en Dios. Dios había mandado hacer llover para intentar sabotear mi plan. Yo, que había invocado las fuerzas del lado oscuro, sabía que esa débil lluvia era el producto de una guerra en el cielo. Era conmovedor pensar que Dios mandase un nuevo diluvio sólo para evitar mi pecado, considerando que eso arruinaría también la procesión de miles de creyentes compungidos que arrastraban sus adoloridos pies tras la imagen del crucificado. Era hermoso pensar que Dios pensaba tanto en mí en esos momentos. Yo, que he juzgado también a Dios, sé que es culpable de doblegar a tantos débiles de espíritu y mente. Aunque pensándolo bien, se lo merecen. Los débiles deben ser dominados. Este dios es peligroso pues no es tonto y tiene demasiado poder. Es verdad que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Dios era culpable por hacer del sexo un pecado y corromper y condenar el placer por ya más de dos milenios. Mi sequía sexual era también parte del daño colateral de sus malas artes. Pero hoy Dios iba a recibir su castigo y María Magdalena me estaba esperando para ejecutar mi plan antidivino. En el camino sentí ganas de rezar y como no me sé bien el Padre Nuestro pensé que debía cambiar las letras para hacer un rezo más acorde con la situación. Mis plegarias iban más o menos así:

María nuestra, que estás en la cama
grandes y duras sean tus tetas
muévenos tu culo como se lo mueves a otros
déjanos probar el fruto de tu coño pelado
líbranos del sida y de toda conversación
y no nos cobres más de lo debido
así como nosotros no pagamos menos por lo recibido
Amén.

La jefa era como la mayoría de las proxenetas, vieja y gorda. Seguramente una puta retirada que por fin había realizado el sueño de todo trabajador: ser su propio jefe. Cargaba un manojo de llaves en la mano como señal inequívoca de ser quien abre las puertas y controla todos los movimientos. Me hizo pasar a una habitación sin ventanas donde debía esperar el desfile de las chicas y elegir la que más me gustaba. Como en cualquier burdel corriente, la cama doble tenía un gran espejo en la cabecera y una pequeña mesa de noche con una lampara que iluminaba la habitación a media luz. Me sentía nervioso como si fuese mi primera vez (pues es verdad que la primera vez puede darse varias veces). Cuando pasaron las primeras dos candidatas inmediatamente me di cuenta de que mi María Magdalena no iba a ser una criatura celestial a la altura de mi obra. Había caído en un burdel de putas veteranas y rollizas. Creo que la mayoría debía haber pasado ya la barrera de los 35. Mujeres con cuerpos pesados y sin gracia. Mujeres con las que podría cruzarme en el mercado del barrio sin siquiera lanzarles una mirada. Pero no me podía quejar, 30 euros era el polvo más barato del mercado y por ese precio no me iba a tirar una sacerdotisa griega. Elegí a la brasileña por sus tetas y su pelo rubio teñido; era lo más parecido a un pasado mejor (he olvidado su nombre de combate, pero da igual, para mí era María). Hablaba mezclando portugués con español así que como yo pensaba que no me entendía bien terminé hablándole como Tarzán (yo Tarzán, tú puta), como se habla a los niños y a los idiotas. Nuestro diálogo era absurdo pero menos mal que la idea de pagar por sexo es justamente pagar por el derecho a no tener que hacer conversación previa alguna.

Siempre el servicio debe empezar con una buena felación. Supongo que sirve para garantizar una buena erección y un desenlace feliz. Mientras hundía su cabeza entre mis piernas podía ver las raíces negras de su pelo amarillo mal pintado. Me preguntaba cada cuanto tiempo debía teñírselo de nuevo. De pronto María se echó en la cama, abrió las piernas y se golpeó los muslos vigorosamente mostrándome su coño afeitado y exclamando con energía ¡fóllame! La escena era casi cómica, es difícil tomarse el erotismo en serio en tales circunstancias. Sin embargo, decidí ser muy obediente e intentar hacer un buen papel. Pensé que también tenía derecho a decir algunas cochinadas y sabía que ella estaba entrenada para consentirlas. Me animé a decirle cosas como ¿te gusta que te la meta verdad? Y ella, que era muy puta, me contestaba ¡sí, sí, fóllame así!

Todo está consumado. Me quedé tirado en la cama jadeando mientras María me limpiaba el semen sobrante con un trozo de papel higiénico y me decía con poca convicción que qué buen polvo. Y yo pensaba, sí, pero un polvo santo. Es muy feo tener que vestirse inmediatamente después de un polvo. Dan ganas de simplemente quedarse tirado un rato. Supongo que esa es una de las ventajas del sexo gratuito entre parejas de verdad: poder quedarse quieto un rato sin hablar. Pero la mecánica del comercio sexual no tiene consideraciones humanitarias. Cada minuto extra cuesta. Por hacer alguna conversación mientras me vestía le pregunté que hace cuánto tiempo estaba en Madrid. Me dijo que unos meses pero que estaba ahorrando porque a fin de año pensaba poner una peluquería. Es triste cuando las putas se avergüenzan de su trabajo y te dicen siempre que su oficio es temporal. Sentí ganas de preguntarle si le molestaba trabajar en Viernes Santo y quise contarle algo de mi plan del cual ella había formado parte sin saberlo. Quise decirle que acabábamos de escenificar el coito entre María Magdalena y Jesús que se negaba a ser crucificado. Jesús arrepintiéndose de su inicial doctrina de la debilidad y asimilando el carácter de los fuertes y rapaces dioses grecorromanos. El triunfo del placer y el cuerpo sobre la renuncia del alma ascética. La victoria sobre Platón y los despreciadores del cuerpo y la alegría vital. Luego, el diluvio ordenado por Dios para ahogarme en el camino y la gran batalla en el cielo. Mi jugosa hamburguesa en el almuerzo. En fin, el acto tenía dimensiones religiosas y metafísicas inconmensurables, pero pensé que toda esta explicación estaría de más.

En la calle me temblaban aún las piernas y sólo quería encontrar un lugar donde poder sentarme un rato. Finalmente llegué a mi cueva sintiéndome vencedor, sucio y pecador. Antes de meterme a la ducha pude distinguir en mi piel el extraño olor de María. El inconfundible aroma de puta barata. Un olor dulzón, penetrante e insolente; de esos difíciles de olvidar.

domingo, 17 de agosto de 2008

LA VENGANZA DE LOS MONOS MECANÓGRAFOS

Generación espontánea

Tras la última amputación nos volvieron a crecer las piernas después de un doloroso tratamiento con pasta de dientes de alta resolución. Nuestro brazo derecho tampoco va mal; esta vez puede que incluso nos crezcan los cinco dedos completos.

Extrañamente, y a pesar de lo que dicen los periódicos, hemos empezado a sentir cierto afecto por el invencible monstruo que se come nuestras extremidades. Ojalá no se muera nunca.

Es bonito florecer, ya no envidiamos a las presumidas lagartijas ni al campo en primavera.


Navidad en Marte



A lo lejos,
una multitud de reyes magos y vagos extraviados
se acercan a conquistar las penúltimas tierras habitables en Marte
cargados de camellos, elefantes y otras cosas importantes.

Condenados al paraíso invernal,
los últimos sabios se congelan en las cumbres del saber
mientras reparten galletas, golosinas y otras toxinas
a los afortunados supervivientes del ayer.

Resulta ya imprescindible prescindir
de las imposibles historias de perros ovejeros y gansos carroñeros,
míticos animálculos y pulpos sin tentáculos,
cosas que la memoria ya olvidó.

Nosotros también traemos regalos,
vegetamos pensativos sobre las inertes praderas marcianas
envueltos en trajes satinados, perlas y estropajos azulados,
bellas inmundicias y otras delicias cubren nuestras flácidas extremidades.


La guerra de las corontas

El enemigo está cerca. De nuevo llegan a nuestros oídos los inconfundibles sonidos de sus mandíbulas crujientes y desgastados dientes que afilan los misiles que pronto cruzarán, como cada tarde, el atascado aire de nuestra calle, sucia con los restos desperdigados de extintas guerras que la memoria ya abandonó.

Atrincherados en nuestra acera, también estamos listos para la batalla. Nuestras armas guardan aún las huellas de nuestra voracidad. Al igual que ayer, esta vez no tomaremos prisioneros.

Del otro lado de la calle llegan los primeros gritos de guerra. Súbitamente, el cielo se llena de proyectiles; restos vegetales, ligeros y letales. La guerra de las corontas ha comenzado.


Colección privada

El montón de zapatos viejos está empezando a desbordar el salón. Pronto llegará a la cocina y tendremos que comer otra vez en el baño.

Todo era más sencillo cuando juntábamos cabezas de mosca; al menos podíamos guardarlas bien en las miles de cajas de fósforos.

Los frascos con ojos de carnero dejan la casa apestando a formol.

Al menos no coleccionamos cosas idiotas como tenazas de cangrejo, cajas de huevos o patas de cucaracha. Las conchas de caracol barnizadas quedan muy bien.

Las patas de conejo siempre traen buena suerte, excepto para el conejo.


Aclaración

Que nadie se queje; apenas nos dieron una vida tras millones de años de espera.

Aprendimos a caminar y ahora nuestras manos oscilan pesadamente extrañando aún la amable firmeza de la tierra, abandonados a la incertidumbre de una posible ocupación.

Perdimos demasiado tiempo buscando una justificación; demasiados años imitando la vida de los hombres que nos precedieron: muertos ilustres y sabios idiotas.

Deseos y pensamientos grabados en papel; la tentación del movimiento y la acción; la lenta y dolorosa persecución del placer.

A pesar de nuestra sorprendente complejidad las opciones son pocas: pensar, hacer y olvidar.


La fiesta del adiós

Sentados en la esquina y sin nada que hacer,
esperamos tranquilos y sin demasiada ilusión la fase terminal de nuestra avanzada gangrena cerebral.

Es cierto,
guardamos aún grandes pensamientos sin pensar y viejas verdades sin gritar;
pero renunciamos sin pena,
sabemos que nuestras bellas mentiras seguirán decorando el mundo.

Como lagartijas sin cola calentamos la resaca bajo el sol.

Agradecidos,
hemos celebrado ya la fiesta del adiós en acompasado baile silencioso.

Nadie nos quita lo bailado.


Autopsia
(Part I)



Esta vez fue distinto.
Lloramos un rato como si aquellas manos abiertas, esos ojos cerrados y ese pelo rizado fuesen algo más que materia orgánica en lenta descomposición.


Leftovers


Nosotros, que en otro tiempo celebramos banquetes con los dioses, no cenaremos hoy las migajas del amor.

No queremos probar las ruinas del deseo, ni los escombros de la pasión; deambular en los abandonados rincones de tu memoria.

Nosotros, antiguos señores de la abundancia y la plenitud, no queremos dormitar en el olvidado trastero de tu corazón.


Vieja

Aún recordamos, cosa vieja, tu lengua de reptil, tus manos escamosas y tu mirada de mandril.

Sabemos que no todo lo que fue joven alguna vez fue bello.

Pronto veremos tus dientes remojándose en un vaso de agua sucia; burbujas emergiendo de tus falsos caninos submarinos; tu malvada sonrisa ahogada hasta el amanecer.

Nos confunde tu fascinante lentitud; la progresiva extinción de tu memoria, y tu desesperante parsimonia de inevitable decrepitud.


Los elegidos

Nosotros,
inútiles residuos del deseo y del pensamiento; envidiosos depredadores de la felicidad ajena; maltratados viajeros sin destino,
proclamamos hoy nuestra divinidad.

Somos los elegidos de un dios que odia en silencio.

Levantaremos templos para venerar nuestra irremediable fealdad; crucificaremos a los infieles y a aquellos que nos relegaron; festejaremos nuestra venganza en alegres danzas e interminables bacanales.

Nosotros,
que susurramos en rincones húmedos y oscuros; que hemos narrado siempre las aventuras de otros; que sabemos bien que la historia nos olvidará,

anunciamos hoy la llegada de nuestro reino.


Aquí

Sentados en nuestra solitaria orilla del destino
esperamos con desbordante ilusión
la llegada de esas nuevas y malvadas mujeres
con uñas afiladas y frutas confitadas por montón.

Sin mundo interior ni planes de salvación
luchamos contra el inevitable regreso del gigante sin corazón
en busca de la emboscada final del entendimiento
donde un día paseamos juntos por los hermosos caminos del error.

Sobre la marea nocturna flotan los restos oxidados
de un mundo abatido por los irracionales excesos de la razón,
colores primarios sin efectos secundarios
decoran la última fiesta dominguera del callejón

y mientras tanto,
en la otra orilla

un ejército de viejos indigentes, sucios y sin dientes
esperan órdenes para atacar o pedir perdón
mientras aquí se nos cae el pelo y se nos seca la piel
entre primaveras incontables y belleza sin pudor.

Lejos del peligro del abandono y el desamor
nos morimos de a pocos y sin querer
entre asientos giratorios y pequeños escritorios,
obligaciones, celebraciones, ritos impostergables del deber.


Apocalipsis now




En estos días de temor e incertidumbre, sólo una cosa es cierta: nos quedan ya pocas certezas. Como la certeza de no haber dicho lo que queríamos decir; de no haber hecho lo suficiente; la certeza de quedarse sentado contemplando la alegría ajena.

A pesar de que le damos sentido al mundo, los elementos siguen su curso implacablemente, como si tuviesen un sentido oculto; como si el mundo estuviese hecho para otros.

El sol ilumina las cosas que no tenemos. La belleza resplandece fría e inalcanzable. La bondad se esconde tras las paredes y las puertas.

Los herejes de la vida cenan juntos en familia,
los prestamistas hacen cuentas en pequeños trasteros,
los banqueros en camisas rosadas se peinan la calva,
las viejas se arrodillan ante la cruz y confiesan su odio.

Nosotros, mientras tanto, resignados y agradecidos, admiramos el inexplicable movimiento de un insecto.

lunes, 28 de julio de 2008

LA CIUDAD SIN SOMBRA

No vengan a la ciudad sin sombra. El cielo gris ha sitiado las calles. La tristeza y la ausencia se han instalado en los parques y en las esquinas solitarias.

El deseo insatisfecho y los planes olvidados han grabado sus huellas en las caras de los hombres marchitos. La grandeza y la soledad del desierto han sido invadidas por la ambición de los hombres pequeños y gregarios.

Un ruido insolente ahoga constantemente los tímidos gritos de humana desesperación; los ciegos llamados de esperanza y bondad; los breves momentos de desnuda sinceridad.

Negros carroñeros alados dan vueltas en el cielo opaco esperando pacientemente la próxima visita de la muerte ajena. El pasado multicolor regresa para burlarse de la descomposición de la carne y la materia.

La indiferencia, la suciedad y los pensamientos se confunden en resignada armonía. La humedad penetra en las paredes y en los recuerdos carcomiendo la memoria.

Los hombres visten de olvido. Los sentimientos del color del cielo.

sábado, 26 de julio de 2008

VISIONES DE UN INVIDENTE

La mirada del ciego
Estoy ciego y no puedo ver más que mis recuerdos, todos sobre un telón negro. He aprendido a ver cosas invisibles, como la compasión, el temor y la mentira. Puedo ver cuando me miran mientras creen que no me doy cuenta, pues cuando me miran de reojo, callan. No pueden hablar y mirar al mismo tiempo, deben quedar demasiado fascinados con mi mirada de ciego. También he perdido el antiguo pudor, puedo ahora, sin vergüenza alguna, rascarme la nariz, hacer bolitas de moco y lanzarlas al negro vacío con la satisfacción de que se me perdonará, como la travesura de un niño, un niño ciego.

Al ciego se le perdona todo, pues ¿qué mayor castigo se le podría dar?, le queda tiempo nada más para merecerlo. Queda pues amigos mucho mal por hacer hasta reestablecer la justicia en el mundo. De no ser así podría llegar a la lamentable conclusión de que Dios es injusto, y necesito creer en él tanto como en mi bastón. Aunque no exista, alguna luz debe quedar tras su ausencia.

He perdido también el viejo sentimiento de culpa por levantarme en medio de la noche, dormir de día, qué más da. Son viejas preocupaciones de los videntes. Invento pues, como un animal ocioso, el día y la noche. Me divierte mucho construir historias con las frases que mis oídos recogen al azar en mi diario camino a ninguna parte. Hay tanta estupidez y profundidad en el mundo. Palabras al vacío, genialidades perdidas para siempre.

Ha aprendido a renunciar a mi orgullo y ser un pobre ciego inútil, necesitado de los demás. Es tan fácil dar lástima. A veces me siento mal por aprovecharme de la compasión ajena, pero recuerdo mi castigo, y sé que es justo, pues tampoco nací para ser santo. Alguien debe pagar también el derecho a leer las cosas que escribo y que yo mismo nunca leeré.

Tal vez lo más extraño de ser ciego es convertirse en objeto sin hacer lo mismo con el resto. Es el otro lo que nos impide ser únicos, pues la mirada ajena nos convierte inevitablemente en cosa. Soy una cosa que no cosifica. Tal vez es esta realidad la que hace tan aterradora la mirada del ciego.

Mis sentidos restantes ya han evolucionado buscando restablecer mi equilibrio vital. Puedo ya desde lejos reconocer el olor de una bella mujer. El olor se hace más intenso mientras se acrecienta el sonido de sus tacos sobre el asfalto. Entonces la veo bella. La mujer que no huele bien desde lejos o camina haciendo intervalos irregulares es definitivamente fea. Los hombres huelen a perro, mucho más de lo que ellos imaginan. Caminan también con mayor rapidez como si se estuvieran perdiendo algo o llegando siempre tarde.

He aprendido también a renunciar, pues desde que se apaga la luz en el mundo la belleza real desaparece y todo se vuelve ideal. Vivo en el enigmático mundo platónico, flotando entre la idea de la belleza y la verdad, cosas que sólo un ciego puede ver.
Se acerca el verano y las cosas empiezan a apestar más que de costumbre. El aroma de pelo de mujer recién lavado se entremezcla con el olor a hombre sudado. Las gente se descompone rápidamente y no se da cuenta. Yo mismo apesto más pero me da igual. Ninguna bella mujer se acercará a olerme, pues bien, que se me acerquen los perros.

Ser ciego es convertirse en un árbol, una pared o una casa abandonada. Es ser una cosa disponible al uso público pero sin nadie interesado en usarla. Un juguete roto tirado en la azotea de los recuerdos olvidados.

Soy un antibiótico visual irreversible, con la mirada elimino para siempre tanto la belleza como la fealdad. Y quedo suspendido en una oscura neutralidad, guiándome a través de ella con mi nariz, mis orejas y mis manos extendidas.