El gato volvió a soñar anoche.
Oímos sus pequeños murmullos y vimos sus bigotes estremecerse violentamente
tal vez soñando con jugosos ratones blancos o con desabridas fórmulas secretas
que revelan el sinsentido del mundo.
Los colmillos también duermen soñando con carne blanda y sangre caliente.
Sus uñas descansan quizás recordando los alegres dibujos que dejaron tatuados en nuestra piel;
las garras suaves y limpias esperando futuras presas asustadas y torpes.
El silencio interrumpido por el tibio ronroneo del depredador.
Mientras el gato pueda soñar estaremos a salvo.
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