martes, 30 de diciembre de 2008

LO QUE QUEDA DEL AÑO

Celebremos pues, en estos días inciertos y residuales, el final de las fiestas y del barullo.
Gritemos al vacío aquellas palabras que nadie escuchó, o las que se dijeron demasiado tarde, o las que no se dijeron nunca.

Celebremos el silencio de la soledad compartida.

Despidámonos ya sin pena de los planes abandonados; los viajes postergados; las aventuras soñadas. Adiós a los compromisos,
a las tareas pendientes y a las visitas molestas.
Rindámonos sin condiciones a los subterfugios del placer.

El deseo respira descaradamente bajo los escombros del pensamiento.
El recuerdo sigue buscando la felicidad perdida.
La carne marchita se aferra vanamente a los huesos.

viernes, 12 de diciembre de 2008

LAS HORDAS DOMINGUERAS

Tenemos miedo de las hordas domingueras. Marchan decididas en sus carros de combate blindados con bebés berreantes y babeantes. Han tomado posición en la plaza y en las calles adyacentes; avanzan amenazando impregnar todo con la tristeza del domingo familiar.

No queremos su errático deambular y el lento paseo sin destino; sus helados a medio derretir; sus globos multicolores apuntando al cielo; sus cinturones de cuero a reventar.

Las camisas de rayas azules recién planchadas.
Los niños gordos y las madres cansadas.

Nosotros también queremos disfrutar del domingo como ellos; sentar cabeza y tomar cerveza, engordar tranquilos e ir a misa,
sin pausa pero sin prisa.