miércoles, 6 de enero de 2010

TEORÍA ATÓMICA DE LOS EFECTOS SIN CAUSA

En este mundo sin Dios, de causas siniestras y curvas continuas, de planes frustrados y corazones cansados, las manos se encogen por el frío del amanecer que inunda parques solitarios y estaciones vacías. Las palabras mueren antes de nacer; los deseos se esconden en las alcantarillas. Las ratas bailan al compás de una música lejana.

Un viejo da sus últimos pasos tambaleándose por las aceras mojadas. Doblando la esquina la muerte canta bajo la lluvia; suena la banda sonora de la escena final de una película sin héroes ni batallas. Una sucesión de hechos y desechos sin importancia.

Risas ahogadas y llantos de mujeres sin amor llegan de la habitación contigua y arrullan nuestras noches invernales. Paredes que protegen las soledades; ladrillos que separan vidas anónimas; puertas para entrar, escapar y esconderse.

Grietas corren por las paredes corroídas por el tiempo y la continuidad. Un sofá vencido revela las huellas de fiestas olvidadas; de incontables horas soportando el peso de hombres que piensan, se aburren y sueñan frente al televisor en anodinas tardes domingueras.

La belleza crece inútilmente y sin ser vista en lugares lejanos. La gravedad ejerce su fuerza implacablemente sobre la ciega insistencia de los hombres que quieren volar. Los pensamientos se dispersan con indiferencia en un universo en constante expansión. El espacio se extiende amablemente para dar cabida a todo lo que no tiene lugar.