En un futuro posible, alguien mencionará nuestro nombre mientras piensa en otra cosa.
Una mujer marchita soñará con nuestra despedida.
Se despertará y se dará cuenta de que está sola.
La memoria se desvanecerá y el pasado morirá.
El amor seguirá buscando refugio en carreteras desoladas.
Las canas seguirán creciendo sobre las cabezas de los hombres ciegos.
Asustados terrícolas visitarán planetas remotos para comprobar su absurda soledad.
Planetas vírgenes serán ocupados por la humanidad; invasión de la vida, el deseo y la necesidad.
Gusanos alienígenos engordarán de la carne terrestre inerte.
Peces multicolores jugarán a las escondidas en las nuevas ciudades sumergidas.
Caníbales encorbatados poblarán los nuevos desiertos.
Niños bicéfalos y políglotas conquistarán el mundo y se contarán secretos en sincronizada traducción simultánea.
Antropólogos anfibios estudiarán agradecidos los coprolitos de nuestros amigos. Describirán su última cena.
Quizás descubran, atrapados en las cacas pétreas, nuestra afición por las manitas de cerdo y los crustáceos con tentáculos.
Los antiguos dioses egoístas sucumbirán ante el nuevo desorden.
La cruz y el pez volverán a las cuevas perseguidos por los hacedores de tormentas.
Creyentes asesinos celebrarán sacrificios esperando la última resurrección.
Las palabras perderán su significado y se convertirán en los enigmáticos signos de una civilización perdida.
Los albinos filólogos mutantes inventarán nuevas teorías para dar sentido a la escritura del primitivo Homo sapiens posmoderno.