lunes, 24 de agosto de 2009

CUANDO EL SOL SE HAYA APAGADO

Tu incontestable belleza silencia la palabra y entumece el pensamiento.

Mientras tus ojos se posan amablemente en otras cosas, nuestra mirada intenta interpretar tu lejana superficie.
Tu cuerpo emite un calor que nadie siente, mientras tu carne baila festivamente entre otras carnes sin gracia.
Tu corazón late ajeno al séquito de soledad y deseo que le rodea.
Tus brazos, que alguna vez calentaron otros cuerpos, cuelgan ociosos esperando nuevas formas que abrazar.

Escamas de piel seca caen lentamente dejando nuestro rastro mientras pensamos en el tiempo perdido en tierras remotas.

Las fiestas de la razón retumban en las cuevas vacías donde planificamos nuestros próximos movimientos.

Expectantes ante tu silueta fugaz,
te contemplamos desde lejos entre la multitud embrutecida.
No saben que no te acordarás de ellos cuando el sol se haya apagado.