viernes, 12 de diciembre de 2008

LAS HORDAS DOMINGUERAS

Tenemos miedo de las hordas domingueras. Marchan decididas en sus carros de combate blindados con bebés berreantes y babeantes. Han tomado posición en la plaza y en las calles adyacentes; avanzan amenazando impregnar todo con la tristeza del domingo familiar.

No queremos su errático deambular y el lento paseo sin destino; sus helados a medio derretir; sus globos multicolores apuntando al cielo; sus cinturones de cuero a reventar.

Las camisas de rayas azules recién planchadas.
Los niños gordos y las madres cansadas.

Nosotros también queremos disfrutar del domingo como ellos; sentar cabeza y tomar cerveza, engordar tranquilos e ir a misa,
sin pausa pero sin prisa.

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