lunes, 28 de julio de 2008

LA CIUDAD SIN SOMBRA

No vengan a la ciudad sin sombra. El cielo gris ha sitiado las calles. La tristeza y la ausencia se han instalado en los parques y en las esquinas solitarias.

El deseo insatisfecho y los planes olvidados han grabado sus huellas en las caras de los hombres marchitos. La grandeza y la soledad del desierto han sido invadidas por la ambición de los hombres pequeños y gregarios.

Un ruido insolente ahoga constantemente los tímidos gritos de humana desesperación; los ciegos llamados de esperanza y bondad; los breves momentos de desnuda sinceridad.

Negros carroñeros alados dan vueltas en el cielo opaco esperando pacientemente la próxima visita de la muerte ajena. El pasado multicolor regresa para burlarse de la descomposición de la carne y la materia.

La indiferencia, la suciedad y los pensamientos se confunden en resignada armonía. La humedad penetra en las paredes y en los recuerdos carcomiendo la memoria.

Los hombres visten de olvido. Los sentimientos del color del cielo.

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