La conspiración de los zurdos para conquistar el mundo
Siempre he pensado que los zurdos viven al otro lado del espejo, en un siniestro (nunca mejor dicho) mundo paralelo. Se han adaptado de mala gana a vivir en un mundo hecho a medida de los diestros. Pero secretamente y en silencio preparan una gran conspiración —similar a la de los ciegos que tan bien describió Ernesto Sábato en su famoso Informe sobre ciegos— para que el mundo real algún día sea «oficialmente» zurdo.
La imagen que vemos
reflejada cuando nos miramos en el espejo es inevitablemente engañosa. Nos
vemos «invertidos»; nuestro lado derecho es ahora el izquierdo (y viceversa).
Por eso sentimos cierta extrañeza cuando vemos nuestras fotografías; sentimos
que algo no está bien. Sin embargo, esa es la forma en que los demás nos ven en
el mundo. Lo que no está «bien» es el contraste entre nuestra verdadera imagen
y la imagen cotidiana que vemos en el espejo. La fuerza de la costumbre hace
que olvidemos el engaño del espejo, y por razones puramente prácticas
terminamos creyendo que la imagen reflejada es la imagen que tenemos en el
mundo exterior.
Los zurdos tienen buenas razones
para rebelarse. Han sido obligados a adaptarse a un mundo diestro, poblado de
objetos diseñados para usarse con la mano derecha, como por ejemplo, los
pupitres de la escuela. Casi todos se fabrican asumiendo que los alumnos son diestros.
Lo mismo sucede con los instrumentos musicales, como las guitarras, y otros
objetos que requieren mayor destreza en la mano derecha. Antiguamente al alumno
zurdo se le obligaba a aprender a usar la mano derecha, reprimiendo con ello su
inclinación natural. Desde hace siglos el lado izquierdo se ha asociado moralmente
con lo incorrecto, lo indebido. No es casualidad que la palabra «siniestra»
también significa «izquierda». El mal está conceptualmente relacionado con el
lado izquierdo. En inglés es aún más obvio: “right” es no sólo el lado derecho, sino aquello que es correcto,
acertado o apropiado.
¡Tengan cuidado al
saludar a los zurdos con la mano! La costumbre de dar la mano al saludar
proviene de tiempos medievales. En esa época los hombres acostumbraban llevar
una espada que, si eran diestros, también usaban con la mano derecha. La idea
de dar la mano al saludarse es una forma de demostrar al otro que uno no va
armado, o al menos que no lleva un arma en la mano, lo que debería sugerir
intenciones amistosas. Claro que cuando un zurdo ofrece su mano derecha no está
ofreciendo la mano con la que maneja el arma, por lo tanto sigue siendo potencialmente
peligroso. Entonces se produce una situación curiosa: si el zurdo da la mano
derecha no es de fiar, pero si ofrece su mano izquierda ―que correspondería a
su mano hábil y potencialmente peligrosa― tampoco servirá porque no podremos
corresponderle con nuestra mano derecha. En conclusión: no podemos fiarnos de
un zurdo cuando lo saludamos con la mano.
En fin, a los zurdos se
les ha obligado a cruzar el espejo constantemente, como si se hubieran equivocado
de lado, sometiéndose al mundo «derechista». Los zurdos deberían rebelarse
contra esta imposición y hacer las cosas como realmente se hacen en su propio
mundo. Cuando escriben a mano tienen que forzar la postura del brazo para poder
leer lo que escriben, cuando en realidad lo que deberían hacer es escribir de
derecha a izquierda. De este modo podrían escribir cómodamente y ver lo que están
escribiendo. Es sumamente raro que hasta ahora a ningún escritor zurdo no se le
haya ocurrido inventar la escritura inversa. Además, los zurdos deberían
organizar una manifestación callejera para conseguir el derecho a «levantarse
con el pie izquierdo» sin que esto se asocie supersticiosamente a la mala
suerte.
Hace algunos años tuve
cierta fijación con los zurdos (aunque nada que requiriese terapia). Entonces
sospechaba que los zurdos se distinguían porque usaban el reloj en el brazo
derecho. Pensé que lo hacían porque dado que vivían al otro lado del espejo, cuando
se miraban en su espejo veían su
reloj en su brazo izquierdo, como hacemos nosotros, los diestros. Esta creencia
me llevo a situaciones embarazosas, como abordar desconocidos en la calle y en
los autobuses que usaban el reloj en la muñeca derecha para interrogarlos acerca
de su enmascarada zurdera y su siniestro plan para conquistar el mundo. Ante mi
insistencia la mayoría terminaba confesando, pero algunos simplemente huían
espantados. Aunque un día alguien me dijo que probablemente usaban el reloj en
la muñeca derecha, no por vivir en un mundo paralelo, sino porque al ser zurdos
les era más fácil abrocharse el reloj con la mano izquierda que con la derecha.
Aunque el argumento no era concluyente, debí admitir que era suficiente para
explicar el fenómeno descrito.
Se calcula que el 10% de
la población mundial es zurda, lo que quiere decir que el mundo es oficialmente
diestro simplemente por ser mayoría. Según esta realidad, debido a su
inferioridad numérica, es poco probable que los zurdos algún día logren que el
mundo viva en su lado del espejo. Obviamente si le preguntan a un zurdo sobre
esta conspiración mundial se reirán y lo negarán tajantemente, así que no
intenten recopilar información directamente de los afectados. La mejor manera
de descubrir sus intenciones es mediante la simple observación. En todo caso,
de todos los mundos paralelos posibles, el mundo de los zurdos debe ser el más
próximo y parecido al mundo real. Y no hay que olvidar que en el mundo real
todos somos zurdos frente al espejo.
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