domingo, 17 de marzo de 2013

Al otro lado del espejo


La conspiración de los zurdos para conquistar el mundo
 
Siempre he pensado que los zurdos viven al otro lado del espejo, en un siniestro (nunca mejor dicho) mundo paralelo. Se han adaptado de mala gana a vivir en un mundo hecho a medida de los diestros. Pero secretamente y en silencio preparan una gran conspiración —similar a la de los ciegos que tan bien describió Ernesto Sábato en su famoso Informe sobre ciegos— para que el mundo real algún día sea «oficialmente» zurdo.

La imagen que vemos reflejada cuando nos miramos en el espejo es inevitablemente engañosa. Nos vemos «invertidos»; nuestro lado derecho es ahora el izquierdo (y viceversa). Por eso sentimos cierta extrañeza cuando vemos nuestras fotografías; sentimos que algo no está bien. Sin embargo, esa es la forma en que los demás nos ven en el mundo. Lo que no está «bien» es el contraste entre nuestra verdadera imagen y la imagen cotidiana que vemos en el espejo. La fuerza de la costumbre hace que olvidemos el engaño del espejo, y por razones puramente prácticas terminamos creyendo que la imagen reflejada es la imagen que tenemos en el mundo exterior.

Los zurdos tienen buenas razones para rebelarse. Han sido obligados a adaptarse a un mundo diestro, poblado de objetos diseñados para usarse con la mano derecha, como por ejemplo, los pupitres de la escuela. Casi todos se fabrican asumiendo que los alumnos son diestros. Lo mismo sucede con los instrumentos musicales, como las guitarras, y otros objetos que requieren mayor destreza en la mano derecha. Antiguamente al alumno zurdo se le obligaba a aprender a usar la mano derecha, reprimiendo con ello su inclinación natural. Desde hace siglos el lado izquierdo se ha asociado moralmente con lo incorrecto, lo indebido. No es casualidad que la palabra «siniestra» también significa «izquierda». El mal está conceptualmente relacionado con el lado izquierdo. En inglés es aún más obvio: “right” es no sólo el lado derecho, sino aquello que es correcto, acertado o apropiado.

¡Tengan cuidado al saludar a los zurdos con la mano! La costumbre de dar la mano al saludar proviene de tiempos medievales. En esa época los hombres acostumbraban llevar una espada que, si eran diestros, también usaban con la mano derecha. La idea de dar la mano al saludarse es una forma de demostrar al otro que uno no va armado, o al menos que no lleva un arma en la mano, lo que debería sugerir intenciones amistosas. Claro que cuando un zurdo ofrece su mano derecha no está ofreciendo la mano con la que maneja el arma, por lo tanto sigue siendo potencialmente peligroso. Entonces se produce una situación curiosa: si el zurdo da la mano derecha no es de fiar, pero si ofrece su mano izquierda ―que correspondería a su mano hábil y potencialmente peligrosa― tampoco servirá porque no podremos corresponderle con nuestra mano derecha. En conclusión: no podemos fiarnos de un zurdo cuando lo saludamos con la mano.

En fin, a los zurdos se les ha obligado a cruzar el espejo constantemente, como si se hubieran equivocado de lado, sometiéndose al mundo «derechista». Los zurdos deberían rebelarse contra esta imposición y hacer las cosas como realmente se hacen en su propio mundo. Cuando escriben a mano tienen que forzar la postura del brazo para poder leer lo que escriben, cuando en realidad lo que deberían hacer es escribir de derecha a izquierda. De este modo podrían escribir cómodamente y ver lo que están escribiendo. Es sumamente raro que hasta ahora a ningún escritor zurdo no se le haya ocurrido inventar la escritura inversa. Además, los zurdos deberían organizar una manifestación callejera para conseguir el derecho a «levantarse con el pie izquierdo» sin que esto se asocie supersticiosamente a la mala suerte.

Hace algunos años tuve cierta fijación con los zurdos (aunque nada que requiriese terapia). Entonces sospechaba que los zurdos se distinguían porque usaban el reloj en el brazo derecho. Pensé que lo hacían porque dado que vivían al otro lado del espejo, cuando se miraban en su espejo veían su reloj en su brazo izquierdo, como hacemos nosotros, los diestros. Esta creencia me llevo a situaciones embarazosas, como abordar desconocidos en la calle y en los autobuses que usaban el reloj en la muñeca derecha para interrogarlos acerca de su enmascarada zurdera y su siniestro plan para conquistar el mundo. Ante mi insistencia la mayoría terminaba confesando, pero algunos simplemente huían espantados. Aunque un día alguien me dijo que probablemente usaban el reloj en la muñeca derecha, no por vivir en un mundo paralelo, sino porque al ser zurdos les era más fácil abrocharse el reloj con la mano izquierda que con la derecha. Aunque el argumento no era concluyente, debí admitir que era suficiente para explicar el fenómeno descrito.

Se calcula que el 10% de la población mundial es zurda, lo que quiere decir que el mundo es oficialmente diestro simplemente por ser mayoría. Según esta realidad, debido a su inferioridad numérica, es poco probable que los zurdos algún día logren que el mundo viva en su lado del espejo. Obviamente si le preguntan a un zurdo sobre esta conspiración mundial se reirán y lo negarán tajantemente, así que no intenten recopilar información directamente de los afectados. La mejor manera de descubrir sus intenciones es mediante la simple observación. En todo caso, de todos los mundos paralelos posibles, el mundo de los zurdos debe ser el más próximo y parecido al mundo real. Y no hay que olvidar que en el mundo real todos somos zurdos frente al espejo.


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