La próxima guerra por conquistar recursos, energía y un clima moderado
Se me acusará de pesimista y catastrofista, pero en mi defensa diré que la descripción de lo que podría suceder en las próximas décadas quizá sirva para evitarlo. Dejo claro que las predicciones que describiré están inspiradas en los hechos y tendencias actuales. La siguiente guerra mundial ya no será entre dos superpotencias por la supremacía del mundo; ya no será por el predominio de una ideología, la búsqueda de poder, riqueza o territorio el motivo para que un país decida atacar e invadir a otro; será, según lo que puedo prever, la búsqueda desesperada de recursos, energía y un clima templado en un planeta exhausto, caliente y superpoblado. El progresivo agotamiento de los recursos y la radicalización del clima obligarán a millones de personas a emigrar a tierras más amables.
Existen muchas películas
y novelas que describen la vida diaria en un sombrío mundo apocalíptico donde
la civilización ha colapsado víctima de una guerra mundial o epidemias mortales
que han diezmado a la humanidad. Los sobrevivientes suelen vagar por ciudades
desoladas en pequeños grupos en busca de comida y refugio, en un retorno a un
estilo de vida propio de la sociedad tribal. Todo eso también se podría aplicar
en un escenario donde el colapso es ocasionado por nuevos factores sociológicos
y ambientales que antes apenas se podían imaginar.
Tenemos que tomar en
cuenta varios factores que se yuxtapondrán para crear un ambiente sui generis de inestabilidad social,
política y económica. Primero será el calentamiento global y sus nefastas
consecuencias en la temperatura media del planeta y sus devastadores efectos en
las cosechas; y luego debemos hablar sobre el problema de la superpoblacion y
la insuficiencia de recursos y energía para sostenerla. El resultado será un éxodo
masivo de millones de personas a nivel global que intentarán mudarse a zonas
con climas templados y países aún ricos en recursos y energía. El panorama ante
esta catástrofe es desolador.
Sabemos que a medida que el
deshielo de los polos siga su curso (por el momento nada dice que su tendencia
actual se detendrá), el nivel del mar subirá inconteniblemente, y según las
últimas estimaciones en los próximos 100 años la subida será de entre 80 cm a 2 metros, mientras las
peores predicciones señalan que la subida podría ser de varios metros en caso
de un deshielo generalizado en todo el planeta. Esto significa catastróficas inundaciones
en las zonas costeras, incluyendo grandes centros urbanos, lo que obligará a
millones de personas a desplazarse tierra adentro. También destruirá grandes
extensiones de tierras de cultivo, afectando seriamente al abastecimiento de
productos agrícolas.
A medida que el planeta se
va calentando, los cambios de temperatura afectarán las condiciones normales de
las estaciones, ocasionando anomalías en los ciclos agrícolas, además de una
radicalización del clima que se concretará en tormentas, huracanes y tsunamis.
Ya sabemos que en los últimos años la presencia de huracanes en el golfo de
México y el Caribe ha sido inusualmente frecuente, sembrando destrucción y
muerte en las costas de los países afectados (el peor de los casos fue el
huracán Katrina en el 2005). Una subida de 2 grados en la temperatura media del
planeta es suficiente para crear un panorama de inundaciones y sequías que pondrán
en peligro la producción mundial de cereales, que es el producto principal en
la alimentación de millones de personas.
Si la temperatura en los trópicos
sube hasta niveles intolerables, gran parte de la población tendrá que emigrar
hacia zonas templadas en el norte y el sur. Esto causará un éxodo masivo que
desbordará a los países con climas todavía templados creando una crisis
humanitaria sin precedentes. Algunos países, presos del pánico, podrían cerrar
sus fronteras a los desplazados e incluso podrían emplear la fuerza para mantenerlos
a raya. La economía de los países con climas tórridos colapsará por abandono de
las tierras de cultivo y el éxodo de su población, creando un nuevo cinturón
mundial de pobreza extrema. Los países tropicales actualmente ya son más pobres
que sus vecinos del norte y del sur ―justamente debido a la pobreza de sus
tierras de cultivo, producto de las particulares condiciones climatológicas de
las zonas tropicales― y en el futuro serán aún más pobres.
El efecto invernadero que
causa el calentamiento global del planeta no se detendrá mientras cada vez más
gente exija niveles de consumo similares a los de los países ricos. A más
gente, más demanda de recursos y más actividad industrial para satisfacer esa
demanda. Es decir, el calentamiento no se frenará mientras la actividad
industrial no se reduzca; y parece que esto es imposible, ya que los intereses
que finalmente predominan son los económicos, y reducir la producción significa
ganar menos dinero. El problema ecológico mundial es víctima de lo que se llama
«la tragedia de los comunes» (the tragedy
of the commons), el consumo irresponsable frente a los recursos compartidos
que no tienen un dueño reconocido. El aire, el agua, la energía y los recursos
naturales parecen ser ilimitados y de todos porque provienen de la naturaleza, y esto hace que individualmente
nadie asuma la responsabilidad de cuidarlos.
Para cuando todo esto
suceda, probablemente las reservas de petróleo a nivel mundial ya serán muy
escasas, generando una subida exorbitante de los precios que convertirá el
petróleo en un combustible fósil de lujo y los países que lo producen en países
con un poder incuestionable sobre los dependientes países compradores. Algunos
países, al ver su suministro de petróleo amenazado, quizá decidan invadir al
país vecino para apoderarse de las últimas reservas mundiales del combustible y
evitar así el vasallaje económico de su país. Para entonces se buscarán desesperadamente
nuevas formas renovables y baratas de energía, aunque parece poco probable encontrar
una fuente de energía que pueda sustituir las particulares características del
petróleo.
La población mundial habrá
alcanzado niveles alarmantes debido a mejoras en las condiciones sanitarias y
la asistencia médica generalizada en los países con una alta tasa de natalidad
como la India, China y el continente africano. El crecimiento constante de la
población ejercerá una presión insostenible en la energía y recursos necesarios
para sostenerla. El incremento de la contaminación mundial por la actividad
industrial servirá como caldo de cultivo para nuevas epidemias y virus que
afectarán a millones de personas atrapadas en inmensas ciudades contaminadas.
Eventualmente la esperanza de vida en estos países empezará a descender
nuevamente a niveles del siglo XIX debido a la contaminación y el deterioro de
la asistencia médica que se verá desbordada por un exceso de pacientes y falta
de recursos para atenderlos debidamente. Es decir, habrá más gente, pero será gente
pobre, enferma y vivirán menos.
El problema de la
superpoblacion quizás obligue a algunos gobiernos a tomar medidas drásticas
para frenar su crecimiento. Dado que el Estado ya no tiene recursos suficientes
para garantizar la salud de toda la población, tal vez sea necesario suspender
algunos derechos básicos de igualdad, empleando políticas eugenésicas, favoreciendo
a los recién nacidos más sanos y fuertes en detrimento de los bebes débiles y
enfermos (entonces se dará la paradoja de que el progreso cultural conducirá
finalmente al retorno de la selección natural). Al mismo tiempo, el estado de
bienestar desaparecerá por falta de recursos. El deterioro progresivo de las
condiciones de vida favorecerá la violencia cotidiana para conseguir comida y
recursos. Los psicólogos evolutivos saben bien que la generosidad y compasión
entre extraños están directamente relacionadas con los recursos disponibles. En
tiempos de extrema escasez, la compasión y la solidaridad suelen retroceder
para dar paso a primitivos niveles de egoísmo y violencia interpersonal. La
bondad moral es un lujo que sólo aparece cuando los recursos son suficientes.
La máxima capitalista que
busca el crecimiento constante y la acumulación ilimitada de riqueza chocará frontalmente
con los recursos limitados del planeta. El desastre causará el hundimiento del
capitalismo en favor de una ideología de conservación y no de expansión. La prioridad
será sobrevivir en condiciones de cierta comodidad. Quedará demostrado que el
modelo de derroche y comodidad occidental no puede aplicarse a nivel mundial.
Las actuales nuevas clases medias de China e India ya están exigiendo niveles
de consumo iguales a Europa y Estados Unidos, cuando sabemos bien que el planeta
no tiene recursos suficientes para satisfacer todo ese irresponsable derroche;
pero al mismo tiempo ese derroche alimenta al mercado, así que el sistema
siempre favorecerá el consumo desmedido. En pocas palabras, la civilización
occidental morirá de «éxito» (pero entendido como avaricia y estupidez).
Desde el punto de vista histórico
nos espera una época fascinante y terrible, un tiempo que reúne situaciones que
nunca antes se presentaron juntas, creando problemas nuevos que exigirán soluciones
novedosas y creativas. El problema de la falta de recursos está directamente
relacionado con el problema de la superpoblación. Su solución exige un cambio
de paradigma mental: hay que dejar de pensar que más gente es siempre mejor. El
derroche de energía y recursos exige un cambio en nuestros hábitos de consumo
(mucho más profundo que la moda
ecológica actual); y eso requiere sentido común y una buena educación, virtudes
que suelen escasear en personas aficionadas a la frivolidad y el despilfarro.
En realidad, no necesitamos tantas cosas para vivir bien, sanos y felices. Esperemos
que las generaciones que sobrevivan a la próxima hecatombe mundial hayan aprendido
la lección.
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