domingo, 7 de abril de 2013

Predicciones de la Tercera Guerra Mundial


La próxima guerra por conquistar recursos, energía y un clima moderado
 
Se me acusará de pesimista y catastrofista, pero en mi defensa diré que la descripción de lo que podría suceder en las próximas décadas quizá sirva para evitarlo. Dejo claro que las predicciones que describiré están inspiradas en los hechos y tendencias actuales. La siguiente guerra mundial ya no será entre dos superpotencias por la supremacía del mundo; ya no será por el predominio de una ideología, la búsqueda de poder, riqueza o territorio el motivo para que un país decida atacar e invadir a otro; será, según lo que puedo prever, la búsqueda desesperada de recursos, energía y un clima templado en un planeta exhausto, caliente y superpoblado. El progresivo agotamiento de los recursos y la radicalización del clima obligarán a millones de personas a emigrar a tierras más amables.

Existen muchas películas y novelas que describen la vida diaria en un sombrío mundo apocalíptico donde la civilización ha colapsado víctima de una guerra mundial o epidemias mortales que han diezmado a la humanidad. Los sobrevivientes suelen vagar por ciudades desoladas en pequeños grupos en busca de comida y refugio, en un retorno a un estilo de vida propio de la sociedad tribal. Todo eso también se podría aplicar en un escenario donde el colapso es ocasionado por nuevos factores sociológicos y ambientales que antes apenas se podían imaginar.

Tenemos que tomar en cuenta varios factores que se yuxtapondrán para crear un ambiente sui generis de inestabilidad social, política y económica. Primero será el calentamiento global y sus nefastas consecuencias en la temperatura media del planeta y sus devastadores efectos en las cosechas; y luego debemos hablar sobre el problema de la superpoblacion y la insuficiencia de recursos y energía para sostenerla. El resultado será un éxodo masivo de millones de personas a nivel global que intentarán mudarse a zonas con climas templados y países aún ricos en recursos y energía. El panorama ante esta catástrofe es desolador.

Sabemos que a medida que el deshielo de los polos siga su curso (por el momento nada dice que su tendencia actual se detendrá), el nivel del mar subirá inconteniblemente, y según las últimas estimaciones en los próximos 100 años la subida será de entre 80 cm a 2 metros, mientras las peores predicciones señalan que la subida podría ser de varios metros en caso de un deshielo generalizado en todo el planeta. Esto significa catastróficas inundaciones en las zonas costeras, incluyendo grandes centros urbanos, lo que obligará a millones de personas a desplazarse tierra adentro. También destruirá grandes extensiones de tierras de cultivo, afectando seriamente al abastecimiento de productos agrícolas.

A medida que el planeta se va calentando, los cambios de temperatura afectarán las condiciones normales de las estaciones, ocasionando anomalías en los ciclos agrícolas, además de una radicalización del clima que se concretará en tormentas, huracanes y tsunamis. Ya sabemos que en los últimos años la presencia de huracanes en el golfo de México y el Caribe ha sido inusualmente frecuente, sembrando destrucción y muerte en las costas de los países afectados (el peor de los casos fue el huracán Katrina en el 2005). Una subida de 2 grados en la temperatura media del planeta es suficiente para crear un panorama de inundaciones y sequías que pondrán en peligro la producción mundial de cereales, que es el producto principal en la alimentación de millones de personas.

Si la temperatura en los trópicos sube hasta niveles intolerables, gran parte de la población tendrá que emigrar hacia zonas templadas en el norte y el sur. Esto causará un éxodo masivo que desbordará a los países con climas todavía templados creando una crisis humanitaria sin precedentes. Algunos países, presos del pánico, podrían cerrar sus fronteras a los desplazados e incluso podrían emplear la fuerza para mantenerlos a raya. La economía de los países con climas tórridos colapsará por abandono de las tierras de cultivo y el éxodo de su población, creando un nuevo cinturón mundial de pobreza extrema. Los países tropicales actualmente ya son más pobres que sus vecinos del norte y del sur ―justamente debido a la pobreza de sus tierras de cultivo, producto de las particulares condiciones climatológicas de las zonas tropicales― y en el futuro serán aún más pobres.

El efecto invernadero que causa el calentamiento global del planeta no se detendrá mientras cada vez más gente exija niveles de consumo similares a los de los países ricos. A más gente, más demanda de recursos y más actividad industrial para satisfacer esa demanda. Es decir, el calentamiento no se frenará mientras la actividad industrial no se reduzca; y parece que esto es imposible, ya que los intereses que finalmente predominan son los económicos, y reducir la producción significa ganar menos dinero. El problema ecológico mundial es víctima de lo que se llama «la tragedia de los comunes» (the tragedy of the commons), el consumo irresponsable frente a los recursos compartidos que no tienen un dueño reconocido. El aire, el agua, la energía y los recursos naturales parecen ser ilimitados y de todos porque provienen de la naturaleza, y esto hace que individualmente nadie asuma la responsabilidad de cuidarlos.

Para cuando todo esto suceda, probablemente las reservas de petróleo a nivel mundial ya serán muy escasas, generando una subida exorbitante de los precios que convertirá el petróleo en un combustible fósil de lujo y los países que lo producen en países con un poder incuestionable sobre los dependientes países compradores. Algunos países, al ver su suministro de petróleo amenazado, quizá decidan invadir al país vecino para apoderarse de las últimas reservas mundiales del combustible y evitar así el vasallaje económico de su país. Para entonces se buscarán desesperadamente nuevas formas renovables y baratas de energía, aunque parece poco probable encontrar una fuente de energía que pueda sustituir las particulares características del petróleo.

La población mundial habrá alcanzado niveles alarmantes debido a mejoras en las condiciones sanitarias y la asistencia médica generalizada en los países con una alta tasa de natalidad como la India, China y el continente africano. El crecimiento constante de la población ejercerá una presión insostenible en la energía y recursos necesarios para sostenerla. El incremento de la contaminación mundial por la actividad industrial servirá como caldo de cultivo para nuevas epidemias y virus que afectarán a millones de personas atrapadas en inmensas ciudades contaminadas. Eventualmente la esperanza de vida en estos países empezará a descender nuevamente a niveles del siglo XIX debido a la contaminación y el deterioro de la asistencia médica que se verá desbordada por un exceso de pacientes y falta de recursos para atenderlos debidamente. Es decir, habrá más gente, pero será gente pobre, enferma y vivirán menos.

El problema de la superpoblacion quizás obligue a algunos gobiernos a tomar medidas drásticas para frenar su crecimiento. Dado que el Estado ya no tiene recursos suficientes para garantizar la salud de toda la población, tal vez sea necesario suspender algunos derechos básicos de igualdad, empleando políticas eugenésicas, favoreciendo a los recién nacidos más sanos y fuertes en detrimento de los bebes débiles y enfermos (entonces se dará la paradoja de que el progreso cultural conducirá finalmente al retorno de la selección natural). Al mismo tiempo, el estado de bienestar desaparecerá por falta de recursos. El deterioro progresivo de las condiciones de vida favorecerá la violencia cotidiana para conseguir comida y recursos. Los psicólogos evolutivos saben bien que la generosidad y compasión entre extraños están directamente relacionadas con los recursos disponibles. En tiempos de extrema escasez, la compasión y la solidaridad suelen retroceder para dar paso a primitivos niveles de egoísmo y violencia interpersonal. La bondad moral es un lujo que sólo aparece cuando los recursos son suficientes.

La máxima capitalista que busca el crecimiento constante y la acumulación ilimitada de riqueza chocará frontalmente con los recursos limitados del planeta. El desastre causará el hundimiento del capitalismo en favor de una ideología de conservación y no de expansión. La prioridad será sobrevivir en condiciones de cierta comodidad. Quedará demostrado que el modelo de derroche y comodidad occidental no puede aplicarse a nivel mundial. Las actuales nuevas clases medias de China e India ya están exigiendo niveles de consumo iguales a Europa y Estados Unidos, cuando sabemos bien que el planeta no tiene recursos suficientes para satisfacer todo ese irresponsable derroche; pero al mismo tiempo ese derroche alimenta al mercado, así que el sistema siempre favorecerá el consumo desmedido. En pocas palabras, la civilización occidental morirá de «éxito» (pero entendido como avaricia y estupidez).

Desde el punto de vista histórico nos espera una época fascinante y terrible, un tiempo que reúne situaciones que nunca antes se presentaron juntas, creando problemas nuevos que exigirán soluciones novedosas y creativas. El problema de la falta de recursos está directamente relacionado con el problema de la superpoblación. Su solución exige un cambio de paradigma mental: hay que dejar de pensar que más gente es siempre mejor. El derroche de energía y recursos exige un cambio en nuestros hábitos de consumo (mucho más profundo que la moda ecológica actual); y eso requiere sentido común y una buena educación, virtudes que suelen escasear en personas aficionadas a la frivolidad y el despilfarro. En realidad, no necesitamos tantas cosas para vivir bien, sanos y felices. Esperemos que las generaciones que sobrevivan a la próxima hecatombe mundial hayan aprendido la lección.

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