domingo, 21 de octubre de 2012

Una propuesta reproductiva contra la pobreza

En este mundo superpoblado, ¿quiénes realmente deben reproducirse?


Admitámoslo: este mundo ya no necesita más pobres. El mundo necesita seres humanos con recursos suficientes para proveerse una buena alimentación, salud y educación. Tres cosas que conjuntamente suelen escapar de la pobreza y que en muchos casos terminan generando riqueza. Sólo las clases medias y altas pueden garantizar estos recursos para sus hijos, por lo tanto conviene que dichas clases se reproduzcan para criar seres humanos libres de la condena de la pobreza heredada, mal que suele arrastrarse durante toda la vida del afectado.

Imaginemos un escenario de la ciencia ficción que ya no es tan fantasiosa en estos tiempos de decadencia económica mundial. El estado de bienestar ha colapsado y ya no puede garantizar servicios sociales, educación gratuita, sanidad ni alimentación barata. El estado de bienestar ha desaparecido engullido por la crisis mundial. En este devastador escenario los únicos que se salvarán serán aquellos que poseen recursos propios. Los ricos podrán permitirse una vida cómoda libre de preocupaciones tan elementales como comida, salud o vivienda. Dado que este cuadro ya no es tan fantástico y que los recursos naturales y energéticos están ya en peligro y nuestra especie gasta más recursos que los sostenibles por el planeta, es tiempo de controlar el crecimiento demográfico.

Primera tesis demográfica:
Los ricos con buena salud genética deben reproducirse. No hacerlo sería puro egoísmo (antes deberán pasar por un sondeo genético para descartar enfermedades hereditarias graves). Todas aquellas personas con abundantes recursos y con buena salud deberían comprometerse con la especie y reproducirse. De esta manera podrían garantizar una buena alimentación, salud, educación y vivienda a sus hijos. Dichos hijos no nacerían en la pobreza y el estado ya no tendría que invertir sus escasos recursos en garantizar estas comodidades básicas.

Segunda tesis demográfica:
Los pobres deben dejar de reproducirse descontroladamente. Por lo general la pobreza genera más pobreza. La mayoría de hijos pobres llegan a ser adultos también pobres, sobre todo en países donde el estado apenas puede financiar sus necesidades básicas. La pobreza se convierte en un mal crónico sin solución. Ya sé que he obviado la diferencia entre pobreza absoluta y relativa (todos somos relativamente pobres) pero cuando hablo de «pobreza» me refiero a una situación en la que una persona a duras penas puede cubrir sus necesidades más urgentes, sin necesariamente referirme a la miseria extrema.

Sabemos que los pobres suelen tener muchos hijos justamente para intentar salir de la pobreza aunque parezca una paradoja, ya que criar muchos hijos significa un mayor gasto y por lo tanto un mayor empobrecimiento. Pero en muchos países los hijos suelen ser la mayor riqueza e inversión de unos padres pobres, ya que esos hijos a temprana edad ayudarán con su trabajo a sanear la precaria economía familiar. En este sentido la alta tasa reproductiva en los sectores más pobres de la población tiene una lógica; el problema es que en la mayoría de los casos esos numerosos hijos no llegan a mejorar sustancialmente la economía familiar sino a agravarlo aún más, llevando la familia numerosa al borde de la miseria.

Lo realmente absurdo es que mientras más ricos son los padres menos hijos tienen, y al revés. Esta situación debería revertirse por el bien de los hijos por nacer (los padres ricos deberían tener cinco o seis hijos, mientras los pobres deberían limitarse a uno o dos). Existe una tendencia a una menor tasa reproductiva en países más ricos y con una mejor educación. Parece haberse instalado una lógica perversa que considera que una mayor educación está reñida con el deseo reproductivo. Esto es ciertamente falso. El nivel educativo no tiene por qué perjudicar la tasa reproductiva. Al contrario, unos padres ilustrados deberían querer compartir parte de esa educación con sus hijos; pero a medida que la población se enriquece y educa parece alejarse de la idea de formar una familia numerosa. En muchos casos es cierto que antes de tener más hijos estos individuos prefieren ocupar su tiempo y dinero en viajes, negocios, ocio, estudios, etc.

Pero creo que a partir de cierta cantidad de dinero (sobre todo en caso de los millonarios) la acumulación de riqueza se hace simplemente por inercia y avaricia. Un individuo con gustos más o menos convencionales no es capaz de experimentar todos esos millones. Puede comprar palacios, islas y automóviles deportivos, pero en realidad después de cierto límite el dinero se vuelve abstracto, ya da lo mismo tener 20 o 40 millones porque el dueño del dinero no podrá experimentar la diferencia entre dichas cantidades. Si bien es verdad que la avaricia del ser humano no tiene límites, creo que tras cierta cantidad de dinero la acumulación por el placer de acumular se vuelve grotesca. El estado debería poner límites a estas cantidades obscenas de dinero.

Es sorprendente que una pareja de padres pobres insista en tener muchos hijos. Parece que no se dan cuenta (o no quieren darse cuenta) que están condenando esos hijos a la pobreza. Me parece de un egoísmo imperdonable. Una pareja responsable se abstendría de traer más hijos a un mundo rodeado de miserias y carencias. La pobreza trae consigo una mala alimentación, y eso también conlleva una salud precaria y un desarrollo menor de ciertas facultades cognitivas. En fin, la pobreza de nacimiento significa severas limitaciones y desventajas en el incierto juego de la vida.

Por todo esto, las personas con abundantes recursos económicos deberían usar parte de esos recursos para criar hijos que podrán gozar de una buena alimentación, salud y educación. Esto les ayudará a disponer de más oportunidades para vivir una vida plena y feliz. Ahora bien, en el Nuevo Mundo que propongo los padres ricos y saludables deberían tener los hijos que su situación económica les permita mantener, pero como esto no puede imponerse a la fuerza, aquellos padres ricos que se nieguen a tener más hijos tendrán que pagar al estado una cantidad equivalente a lo que hubiera costado mantener esos hijos potenciales, es decir, tendrían que pagar por el «derecho a no reproducirse» ―a menos que, claro está, pudieran demostrar que tienen buenas razones para no tener más hijos. Con este dinero el estado podría hacerse cargo de todos esos niños pobres ya existentes que requieren asistencia.

Me parece una medida de verdadera justicia social. Quizás algunos pensarán que esta medida atenta contra el derecho individual de no reproducirse y ciertos derechos universales, (los derechos universales no existen, son sólo construcciones históricas con pretensiones universales). En caso exista incompatibilidad entre la ley y la realidad, no hay problema, las leyes pueden cambiarse y deben cambiarse cuando entorpecen aquello que realmente promueve el bien social. Una pareja de personas con abundantes recursos no se verá seriamente afectada si debe pagar por su derecho a no tener más hijos cuando bien podría hacerlo. Sería su aporte al bienestar común, un acto de solidaridad con aquellos que tienen menos recursos.

El dinero que el estado recaude de las parejas ricas que se niegan a reproducirse también podría destinarse a financiar a los hijos de aquellos individuos que si bien no tienen recursos económicos poseen una inteligencia, un talento o una creatividad particulares. Obviamente sería una tragedia para la evolución cultural que dichos genes privilegiados se perdiesen por algo tan infortunado y accidental como la pobreza. El estado debe ayudar a esos individuos con la crianza de sus hijos para que dicha carga genética no se pierda por el bien de la sociedad. Las personas sin talento alguno sencillamente no deberían reproducirse.

Finalmente, el resultado de estas medidas sería una paulatina reducción real de la pobreza. Por la sencilla razón de que habría más nacimientos de personas con recursos que personas pobres. La pobreza ya no tendría que ser un mal que haya que atajarse tardíamente, sino que sería un mal que podría evitarse desde su propia raíz. El estado se liberaría de una gran carga económica y social, ya que al haber menos pobres tendría que destinar menos recursos para atenderlos. La sociedad eventualmente estaría formada por personas que disponen de recursos suficientes para proveerse una buena alimentación, salud y educación, y con buenas oportunidades para desarrollarse y tener una vida plena. En pocas palabras, sería un mundo verdaderamente feliz.

 

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