Celebremos pues, en estos días inciertos y residuales, el final de las fiestas y del barullo.
Gritemos al vacío aquellas palabras que nadie escuchó, o las que se dijeron demasiado tarde, o las que no se dijeron nunca.
Celebremos el silencio de la soledad compartida.
Despidámonos ya sin pena de los planes abandonados; los viajes postergados; las aventuras soñadas. Adiós a los compromisos,
a las tareas pendientes y a las visitas molestas.
Rindámonos sin condiciones a los subterfugios del placer.
El deseo respira descaradamente bajo los escombros del pensamiento.
El recuerdo sigue buscando la felicidad perdida.
La carne marchita se aferra vanamente a los huesos.
1 comentario:
George, la soledad del yo, abunda en nosotros, así que aunque haya contraridades en la vida, existiremos precisamente para comprenderlas.
He leído en una volada algo de tus escritos y tiene de realista como de filosófica y existenialista.
espero leerlos detenidamente y no bindarte ,quizás,falsos comentaros.
un abrazo cerrado.
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