sábado, 12 de octubre de 2013

El ataque de las tetas subversivas

El erotismo como arma política de difusión masiva
 

Cada vez es más frecuente ver en los noticieros imágenes de combativas chicas saboteando actos políticos con el pecho desnudo, mientras levantan los puños airadamente gritando frases de protesta. Las imágenes son perturbadoras en sí mismas, pero no por la intención política detrás del gesto —que podría ser justificada o no― sino por la presencia de estas jóvenes con los pechos al aire en un contexto donde la desnudez supone una trasgresión social intolerable (dicha acción en una playa nudista no tendría efecto alguno). Desde el punto de vista estético, habría que preguntarse si estas acciones pueden ser consideradas como manifestaciones o happenings de body art político.

El concepto de arte posmoderno admite prácticamente todo, incluso el supuesto antiarte ―sea lo que fuere y en caso exista— también puede ser arte. Ahora bien, catalogar estas acciones políticas como arte tiene un arriesgado efecto de validación, como si la etiqueta de «manifestación artística» automáticamente le concediera una cierta inmunidad. El arte, además de ser arte, también existe en una cierta irrealidad, un mundo paralelo que puede parecerse mucho a la vida real ―incluso existe dentro de ella―, pero tras un análisis profundo, descubrimos que es otra cosa; por lo tanto no puede ser juzgado como una acción plenamente «real».

Antes de seguir, hay que tener cuidado en no confundir la forma con el contenido. Me estoy refiriendo al gesto de utilizar el cuerpo femenino semidesnudo como arma política y social. Esto es la forma. Aquello que se quiera defender es el contenido, y es algo independiente de la forma en que se quiera expresar. Una vez esclarecido este punto, lo que defiendan estas mujeres es irrelevante con respecto a la forma en que lo quieran defender. Lo importante es analizar por qué estas chicas muestran sus senos y por qué consideran que hacerlo supone una ventaja y un eficaz vehículo para transmitir sus mensajes.

Los senos siempre han estado cubiertos de una multiplicidad de significados, y además en culturas donde la desnudez es tabú, como la occidental, los senos también son motivo de incomodidad, sobre todo por la privilegiada presencia que ocupan en el cuerpo femenino. Los senos se cubren pero su forma no desaparece bajo la ropa, siguen siendo —al menos en el cuerpo de la mujer joven— protuberancias orgullosas y desafiantes. Y por eso las mujeres siempre han sabido usar sus senos como armas de seducción y poder cuando las han necesitado. El efecto cautivador que tienen en el hombre es innegable. La mujer, conocedora del potencial de su cuerpo, decide cuándo revelar u ocultar sus senos según los fines que quiere alcanzar.

Todo esto, que parece una obviedad, es relevante para analizar la efectividad de las activistas que usan su cuerpo para alcanzar sus fines. Algunas activistas defienden su conducta argumentando que no están convirtiendo su cuerpo en un objeto erótico, sino en un arma política, una forma de llamar la atención en un mar de indiferencia. Pero en realidad esto significa que están usando el erotismo como arma política, como trasgresión. Resulta evidente que su desnudez es un arma contundente que no puede ser ignorada. Como la desnudez pública en un espacio donde no se permite supone una violación de las normas sociales, dicha exposición debe cubrirse lo antes posible. Por eso estas mujeres saben perfectamente que sus acciones serán breves pero muy efectivas. Consiguen la máxima atención en un tiempo mínimo. Las tetas desatadas no pueden quedar impunes.

Usar el cuerpo femenino como arma de trasgresión conlleva un doble discurso. Por un lado podríamos considerar que es una denuncia feminista contra el uso erótico del cuerpo femenino, pero paradójicamente, al mismo tiempo supone una explotación de dicho uso. Es decir, mientras se denuncia la instrumentalización de la mujer como objeto sexual, también se saca provecho del mismo. Este doble uso suele confundir a los críticos de arte, pues posibilita una interpretación arbitraria: el cuerpo como objeto erótico y como arma política.

Las intervenciones están muy bien planificadas y las activistas saben exactamente lo que harán y la atención que recibirán. No es casualidad que escriban el eslogan político a defender sobre el pecho desnudo. El cuerpo se convierte en cartel, en vehículo de propaganda. Las letras del eslogan, torpemente pintadas entre los senos, aprovechan el foco de atención del observador. Como la desnudez es un tabú, los ojos de los observadores de inmediato se posan sobre los senos descubiertos que convenientemente muestran el mensaje a transmitir. Es una estrategia de publicidad perfecta. El cuerpo del deseo como vehículo publicitario. El uso es el mismo que cuando estratégicamente se tapan los senos de una chica en topless con una botella de cerveza. Se aprovecha el punto de atención.

Visto esto, habría que deducir que la exposición mamaria está dirigida mayormente al público masculino. Y esto tiene sentido, pues las reivindicaciones que las activistas pretenden mostrar están pensadas para contrarrestar un poder político típicamente masculino. Luchan contra el viejo orden gobernado por hombres. Seguramente el pecho descubierto tendría un efecto mucho menor en un mundo gobernado por mujeres. Asimismo, estas acciones también podrían considerarse ―haciendo un uso extensivo del término― como actos de terrorismo visual, pues lo que buscan las activistas es captar la máxima atención y al mismo tiempo sabotear el acto político en curso. La acción supone una especie de bomba anatómica (nunca mejor dicho). La onda expansiva de estas bombas anatómicas tiene un alcance puntual y limitado, pero las acciones siempre suceden en lugares con amplia cobertura mediática, así que gracias a los medios de comunicación estas acciones políticas se convierten en armas de difusión masiva.

La forma en que las acciones son reprimidas también revela el significado de la desnudez trasgresora. Los policías y agentes de seguridad tienen mucho cuidado en no tocar ―incluso de manera accidental― los senos desnudos durante el forcejeo, seguramente por temor a luego ser acusados de acoso sexual o «tocamientos indecentes». Esto convierte el seno en un objeto prohibido y apestado, un objeto incómodo del cual sólo cabe su erradicación mediante el cubrimiento inmediato. Curiosamente, cuando el agente de seguridad es mujer se tolera el contacto físico directo con el seno trasgresor, pero en este caso no se considera un tocamiento, sino una simple medida de fuerza para reducir a la activista.

Si estas acciones pretenden ser happenings políticos feministas, el rol de los senos al descubierto resulta ambiguo. Utilizar la desnudez del cuerpo como gancho publicitario supone al mismo tiempo convertir el cuerpo femenino en objeto erótico, que es en muchos casos uno de los usos denunciados por los grupos feministas. Y esta contradicción entre la ideología y la acción resta claridad a la propuesta de los grupos que practican estas explosivas apariciones públicas. Y por último, queda el problema de saber si el fondo —el mensaje— queda eclipsado por la forma —los pechos al aire. En ciertos casos, un bello cuerpo femenino semidesnudo, luchando salvajemente por liberarse de la represión del imperio de los hombres vestidos, resulta difícil de olvidar.



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